Abuso de poder

La Fiscalía recibió la denuncia y su principal actuación ha sido perder una prueba clave.

Dudé si escribir esta columna, pero prima el derecho de un niño. Es nieto de un alto cargo en la Alcaldía de Bogotá, persona de reconocida trayectoria en defensa de los DD. HH. No diré su nombre para proteger al pequeño, solo que es amiga de vieja data de Gloria Flórez, Jorge Rojas y del Alcalde. Estoy segura de que ellos no saben nada. Si les interesa, les facilito datos concretos e identidades.

Es una historia de maltrato continuado a una mujer y de abuso sexual a su hijo. Y de aprovechamiento de un cargo para encubrir a los culpables.

El 14 de mayo de este año, el esposo de ‘Luz’ (así llamaré a la alto cargo) se encerró en el baño con su nieto de 6 años y se metieron en la tina. Durante un par de horas ‘jugaron’ a buenos y malos. Luego se supo que no era la primera vez que lo hacían. La mamá del niño (la llamaré ‘Mía’), separada de su esposo, llegó al apartamento de los exsuegros a recoger al pequeño. Golpeó la puerta del baño, desesperada. Solo después de un rato el abuelo accedió a abrirla.

‘Mía’ se llevó enseguida al niño a una habitación contigua, le preguntó por lo sucedido y grabó el relato. No hay asomo de duda de que el abuelo abusó del niño sin penetrarlo, aparte de que es evidente que algo malo hacía si se encerró con él. La Fiscalía recibió la denuncia y hasta la fecha su principal actuación ha sido perder una prueba clave.

En el momento de aquel suceso, la custodia del niño la tenía ‘Mía’. Se había separado del hijo de ‘Luz’ después de una paliza. Le había pegado otras veces, era agresivo, pero, como tantas mujeres maltratadas, creía que su esposo cambiaría. Un juzgado concedió al padre el derecho de sostener visitas vigiladas con su hijo, pero ‘Mía’, convencida de que el abuelo era una buena persona, a veces lo dejaba unas horas en casa de los suegros, donde residía su ex.

Entre tanto, ‘Luz’ buscaba a toda costa quitarle la custodia, pese a conocer la conducta violenta de su hijo y sospechar que su esposo tiene comportamientos extraños (ningún adulto normal pasa horas con un niño encerrado en el baño). Y movió sus fichas. No es casualidad que la anterior comisaria de familia que llevaba el caso se fuera y que la sustituyera una que actúa como si le debiera el puesto a ‘Luz’.

El 18 de agosto pasado, por la mañana, ‘Luz’ orquestó un episodio para coronar su objetivo. Dirigidos por uno de sus escoltas, unos policías de un CAI y su hijo irrumpieron en el apartamento de ‘Mía’ para llevarse al niño. Tras una fuerte discusión, en la que el antiguo matrimonio llegó a las manos, a ‘Mía’ se la llevaron esposada. La acusaron de agresión y pasó 24 horas detenida.

La comisaria de familia hizo su parte y decretó que, de manera temporal, la custodia debía quedar en manos del padre. No importó que fuera maltratador, ni que el abuelo pueda tener acceso al niño o que la abuela haya tapado todo. Tampoco que el pequeño tenga miedo al abuelo o que no existieran argumentos válidos para cambiar la custodia. La justificación esgrimida es que ‘Mía’ estaba en su apartamento con una amiga y su bebé de meses, y un amigo, y había botellas de cerveza vacías. Lo que la comisaria encuentra terrible es que una madre joven tome unas cervezas con amigos en la noche de un festivo, una vez acuestan a los niños.

Esa comisaria fijó para el 14 de octubre la decisión sobre la suerte definitiva del pequeño. ‘Mía’ necesita una ONG o un abogado solidario que la ayude.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA