Yo lo acuso, Fiscal

A usted se le llena la boca hablando de “víctimas”, pero lo cierto es que no le quitan el sueño.

Si su caso no terminara en ese engendro de la Comisión de Acusación y si no fuese porque pienso que un periodista solo debe hacer denuncias en sus escritos, lo demandaría. Aunque bien pensado, mejor que sean su conciencia y Dios quienes lo juzguen.

Usted, Fiscal General, es consciente de que no le importó lo más mínimo la suerte de Paula Ortegón, que fue de una indiferencia hiriente. Que jamás se molestó en que la buscaran, en enviar investigadores y fiscales para averiguar su desaparición. Y no venga con el cuento de que no sabía, porque si hay alguien mediático, pendiente de cualquier publicación, es usted. Varias veces apareció la historia de Paula en EL TIEMPO, pero usted andaba preocupado por las personas y procesos que cree pueden reportarle réditos políticos y periodísticos. Y este, era evidente, no le daría ni un aplauso del Gobierno, ni un titular y menos una foto.

Una ciudadana del común, habitante de un pueblo y con tres hermanos sin palancas de ningún tipo, no podía quitarle un segundo de su valioso tiempo.

En seis meses –desde el 22 de octubre hasta el 15 de abril– ni un solo miembro del CTI, ni un fiscal, óigame bien, ni uno solo, subió jamás a Tenerife (Valle del Cauca) a indagar por la desaparición de Paula. ¿Conoce qué decía el investigador del fiscal 15, al que le cayó el expediente, cuando los hermanos de ella preguntaban? Que tenía varios secuestros en Tuluá y medio centenar de casos por resolver, que no tenía tiempo, y que ya se ocuparía. Y el fiscal respondía las llamadas con desgano y si le reclamaban duro, se ofendía. Aún me cuesta creer que fueran tan desalmados en la Fiscalía.

Aunque a usted le importe cero ese ser humano excepcional, que tenía 36 años y muchas ganas de sacar adelante la finca familiar, que era trabajadora, amable, cariñosa, magnífica hermana y estupenda amiga, informo a los lectores que el pasado miércoles, a las 11:30 de la noche, rescataron su cadáver del recóndito lugar donde sus asesinos lo habían metido.

La familia avisó al CTI pensando que era el procedimiento adecuado.

Yo miraba al equipo de forenses trabajar alumbrados con linternas, haciendo su trabajo de manera eficaz y ardía de ira. Usted creyó que con esa única actuación de su entidad la familia Ortegón quedaría satisfecha y olvidaría su medio año de desprecio. ¿Sabe qué dijo, con rabia, Angélica, la hermana del alma de Paula, que vivía con ella, cuando vimos el despliegue de forenses del CTI y miembros del Gaula Ejército, protegidos por un fuerte contingente militar? “¿Por qué no llegaron cuando denunciamos su desaparición? Podrían haberla salvado. Ahora no pueden hacer nada”.

Sí, señor Fiscal, pudieron y no quisieron. A usted se le llena la boca hablando de “víctimas”, pero lo cierto es que no le quitan el sueño y que en este país una vida no vale nada, absolutamente nada. Solo si tiene interés político en un momento determinado le paran bolas en las grandes esferas. De resto, que se pudran.

Los asesinos de Paula fueron los que cité en otra columna y dos sujetos más. El principal, que era su mayordomo, señaló el sitio donde escondieron el cadáver. Fue la guerrilla la que investigó la trama y logró sonsacarle la confesión. Lo hizo por orden expresa de ‘Pablo Catatumbo’, que se comprometió a encontrarla y cumplió. Él manda en la zona donde asesinaron a los 11 militares mientras dormían, una masacre espantosa, injustificable, como todo crimen. Cuánta muerte sin sentido, Dios mío. Descansen en paz.

Salud Hernández-Mora para www.eltiempo.com