¿Cuál capital político?

Ni Gobierno ni Farc pretenden hallar verdades, sino sepultarlas con cientos de acusaciones cruzadas.

No sé qué fastidia y duele más, si escuchar que se juega su capital político o que ya estamos en posconflicto. El primero, además de ser un capital escuálido (ganó una vez por Uribe y la otra por la ‘mermelada’ y el Polo), les importará a su hijo Martín, que aspira a sucederlo algún día, y a él mismo, pero estoy convencida de que fuera de sus áulicos, a la gente del común le vale cinco.

Lo que está en juego es el país, su futuro y su presente; y si pierde, perdemos todos, y mucho.

Él y sus aliados creen que arrodillándose ante el poder de los fusiles, como hicieron con Escobar en su día, conseguirán firmar una paz así haya que entregar el alma. Otros, que estamos en minoría, pensamos que hay valores y principios irrenunciables sobre los que se construyen sociedades pacíficas y justas a largo plazo.

La otra declaración presidencial es de un cinismo atroz, además de un desprecio a la memoria de los que aún pierden la vida, como los siete uniformados asesinados esta semana en Caquetá y Meta, y los mutilados por la sinrazón terrorista.

Una no sabe si reírse o llorar de rabia al escucharle asegurar en el exterior, ante audiencias ignorantes de la realidad colombiana, que ya nadamos en las aguas serenas del posconflicto gracias a un acuerdo de desminado de una sola zona chica y porque devolvieron unas tierras a los pocos que pueden ocuparlas de nuevo. Pero silencia que las Farc siguen fabricando y sembrando cientos de minas y desterrando campesinos.

Santos debería saber a estas alturas del proceso que no por contar falsedades al mundo, por hablar de un país que solo existe en su burbuja palaciega, firmarán las Farc mañana mismo. La banda criminal juega con sus prisas, con sus ansias de ganar el Nobel, y si sigue así de condescendiente, de pronto esperan al siguiente presidente.

Afanes no tienen, lo suyo en Cuba es un gana-gana. Sería una torpeza desperdiciar tantas ventajas, como que Santos recorra el planeta abogando por ellos y disfrazándolos con ropajes pacifistas y democráticos, además de concederles lo que piden.

Vean esa Comisión de la Verdad, que tantas veces exigieron y que tiene como único fin tapar las atrocidades de la guerrilla y magnificar las culpas de los contrarios. Recomiendo la lectura completa del acuerdo para constatar que fueron las Farc las que idearon y redactaron las características del engendro.

Si decenas de jefes paramilitares llevan 8 años vomitando verdades a chorros y no tenemos aún ni dos tercios del cuadro completo y tampoco se procesa semejante cúmulo de información, ¿cómo pretenden comprimir en solo tres años y con un puñado de historiadores parcializados nada menos que medio siglo de acontecimientos violentos, con todos los colombianos y varios países extranjeros como presuntos culpables?

La respuesta es obvia: ni Gobierno ni Farc pretenden hallar verdades, sino sepultarlas con cientos de acusaciones cruzadas. En medio de la gritería, los capos guerrilleros saldrán indemnes.

Igual que la engañifa de vendernos eso de que estamos en un “conflicto armado interno”, como si existieran dos bandos. Con ello las Farc consiguieron que legitimaran el asesinato de policías y militares.

Y ahora Uribe propone zonas de concentración con armas, otra ventaja para los terroristas. Que entrenen, planeen atentados y descansen juntos para estar preparados por si falla el proceso. ¿Por qué no les entregan ya las llaves de las ZRC y terminamos este peligroso circo?

Salud Hernández-Mora para www.eltiempo.com