Mediocre, ambicioso e inseguro

Solía tildar a Chávez de payaso, de ególatra, de sátrapa. No lamenté su muerte, pensé que era lo mejor para Venezuela, que nadie podría superar su despótico mandato ni su legado más siniestro: la división de su país en dos mitades irreconciliables. Hasta que Maduro ocupó su puesto.