Columnas

No voto ni a bala

Si obligan a votar, provoca quedarse en casa. Máxime si la orden parte de un Legislativo desprestigiado y corrupto y su fin es conseguir como sea que pase el referendo de Cuba. No tienen autoridad moral para castigar a quien desconfíe de su engendro.
Si yo voto es porque quiero, pero si me empujan a las urnas bajo la amenaza de que si no lo hago me multan, que me multen. La democracia torcida no conquista corazones intimidando.

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Los acosadores

He dudado mucho antes de escribir esta columna. Con todas las tormentas que asuelan a Colombia, la denuncia puede parecer una brisa. Y, encima, me genera muchos más problemas que llamarle mafioso y matón a ‘Iván Márquez’ (que además no son insultos, sino una certera definición).
Y es que a muchos altos cargos no les basta con ser corruptos. También se dedican a acosar funcionarias. Se creen como 007, con licencia para pedirlo. Piensan: “Tengo poder, así que me como las que quiero”.

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Gracias, Presidente

Aunque me crucifiquen, me arrogo hoy la representación de los cocaleros del Catatumbo y de las bandas criminales que actúan allá para decirle, Presidente, de todo corazón: gracias, muchas gracias.
Usted ha permitido que este año siembren la matica de coca sin sobresaltos, que la plata corra con bastante alegría y que la recaudación de ‘vacunas’ haya crecido de manera considerable.

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Qué humillante, General

Esta semana me convertí a la religión de Julio César Turbay: reduzcamos las concesiones, las humillaciones, a sus justas proporciones. Ya no aspiro a que Santos y De la Calle se suban los pantalones, basta con que no se quiten los calzones.
Enviar a La Habana al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares a sentarse frente a frente, en igualdad de condiciones, con unos asesinos cuya única legitimidad es el terror que genera su barbarie, es despreciar la Constitución, el honor y la vida de los soldados y policías.

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Las mañas de Gaviria

¿Es este el país que queremos? ¿El que nos venden la clase dirigente y sus politiqueros? ¿El que apesta? Todo lo que envuelve la elección de Contralor evidencia su convencimiento de que Colombia es su finca y nosotros, sus sumisos jornaleros.
La pelea por el suculento botín es más torcida que la torre de Pisa. Gaviria y Santos están dando un espectáculo deplorable. El Presidente, sin pudor alguno, apoya a Edgardo Maya, que reúne todos los requisitos para desprestigiar al organismo que supervisa las cuentas públicas embadurnadas de corrupción.

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