Columnas

¡Qué lo acaben!

Llevo años presenciando un juego que algunos encuentran apasionante: darle palo venteado a Patarroyo a ver si lo acaban. Ningunean sus logros, lo equiparan a un vendedor de feria, celebran sus caídas, le desean un entierro de cuarta.

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¿Cuál Diómedes?

Es comprensible que lo lloren sus familiares, amigos y enorme fanaticada. Y que muchos otros lo recuerden por sus composiciones y una voz que Dios creó para cantar vallenatos, quizá la mejor. Pero su vida de excesos, el crimen de una chica, el machismo feroz del que hacía alarde no parecen méritos para que los grandes medios de comunicación lo exalten al punto de dedicarle los dos canales principales más de una hora seguida de noticiero. Y eso el primer día, porque después siguieron.

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