Columnas

De derechas

He visto en Pacho un candidato con un buen programa, que ha estudiado la ciudad, serio y trabajador.

Creo llegado el momento de salir del clóset. Quienes aún no lo hayan hecho, quienes vivan preocupados por caer en las garras de los “políticamente correctos”, que pierdan el miedo y den un paso al frente. Si usted es de derecha, quítese la máscara y admítalo sin complejos.

¿Qué tiene de malo defender sin tapujos mano dura contra el crimen y la delincuencia, respetando la ley a rajatabla? ¿Acaso es herejía proclamar que las drogas son un martirio social, que nadie debería meterse una rayita de coca? ¿Es malo defender la equidad social y trabajar para que un día todos los ciudadanos sean iguales en la línea de salida? ¿Por qué no decir que los subsidios solo perpetúan la pobreza, generan mendigantes antes que ciudadanos con horizontes, y que el eje de progreso es fomentar la empresa y el trabajo duro?

¿Es de trogloditas insistir en que debemos proteger la familia? ¿No prefiere colegios concertados que muchos públicos donde reinan el desorden y la impotencia de los docentes? ¿No le parece una locura que los niños comiencen sus relaciones sexuales a los 12, 13, 14 años y que Colombia lidere el embarazo de adolescentes? ¿No impondría multas a los que ensucian la ciudad con sus inmundos garabatos? ¿No cree llegado el momento de imponer el orden en el caos bogotano?

Si ha respondido afirmativamente y si le suma el fastidio por el circo habanero, usted es de derecha y no se puede quedar quieto. La solución en Bogotá está en nuestras manos.

En el pasado voté por Peñalosa. Me parece un aspirante tan capaz y decente como Pacho y Pardo, pero me inclino por Pacho, porque es el único que defiende esas ideas. Y tanto en los debates que he visto como en las entrevistas que hice a los tres mencionados, me quedó claro que está preparado para asumir el cargo.

En el pasado no coincidimos políticamente, yo preferí otras opciones electorales. Pero esta vez he visto en Pacho Santos un candidato con un buen programa, que ha estudiado la ciudad a fondo, que es serio, trabajador, cuenta con un equipo a la sombra de primer nivel, y posee el carácter y la independencia para desarrollar sus proyectos.

Cuenta con la ventaja adicional de ser una persona sin rencores que puede sentarse con su primo el Presidente a negociar lo que sea conveniente para Bogotá, sin agachar la cabeza. Él juega limpio, son otros los de las puñaladas traperas. Si Juan Manuel Santos, en caso de que gane Pacho, quiere hundirlo, allá su conciencia. Pero hay ministros y un vicepresidente con aspiraciones presidenciales en el 2018 que no querrán quedar mal con los capitalinos.

En un principio pensé en el voto en blanco, luego en el útil, aunque lo detesto. Siempre preferí hundirme con el barco que carga mis ideas, de ahí que nunca me arrepintiera de votar por Mockus o en blanco. Pero eran tantas las ganas de salir de la oscura noche petrista y socialista que había decidido inclinarme por el que liderara la última encuesta. Ya no.

Me voy con quien tengo la esperanza de que seguirá la línea que ha marcado, que no variará el rumbo a las primeras de cambio. Y que está tan acostumbrado a que lo critiquen y ridiculicen que le hacen poca mella los dardos. Por tanto, no gobernará impulsado por el populismo y al vaivén de los vientos mediáticos.

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Abuso de poder

La Fiscalía recibió la denuncia y su principal actuación ha sido perder una prueba clave.

Dudé si escribir esta columna, pero prima el derecho de un niño. Es nieto de un alto cargo en la Alcaldía de Bogotá, persona de reconocida trayectoria en defensa de los DD. HH. No diré su nombre para proteger al pequeño, solo que es amiga de vieja data de Gloria Flórez, Jorge Rojas y del Alcalde. Estoy segura de que ellos no saben nada. Si les interesa, les facilito datos concretos e identidades.

Es una historia de maltrato continuado a una mujer y de abuso sexual a su hijo. Y de aprovechamiento de un cargo para encubrir a los culpables.

El 14 de mayo de este año, el esposo de ‘Luz’ (así llamaré a la alto cargo) se encerró en el baño con su nieto de 6 años y se metieron en la tina. Durante un par de horas ‘jugaron’ a buenos y malos. Luego se supo que no era la primera vez que lo hacían. La mamá del niño (la llamaré ‘Mía’), separada de su esposo, llegó al apartamento de los exsuegros a recoger al pequeño. Golpeó la puerta del baño, desesperada. Solo después de un rato el abuelo accedió a abrirla.

‘Mía’ se llevó enseguida al niño a una habitación contigua, le preguntó por lo sucedido y grabó el relato. No hay asomo de duda de que el abuelo abusó del niño sin penetrarlo, aparte de que es evidente que algo malo hacía si se encerró con él. La Fiscalía recibió la denuncia y hasta la fecha su principal actuación ha sido perder una prueba clave.

En el momento de aquel suceso, la custodia del niño la tenía ‘Mía’. Se había separado del hijo de ‘Luz’ después de una paliza. Le había pegado otras veces, era agresivo, pero, como tantas mujeres maltratadas, creía que su esposo cambiaría. Un juzgado concedió al padre el derecho de sostener visitas vigiladas con su hijo, pero ‘Mía’, convencida de que el abuelo era una buena persona, a veces lo dejaba unas horas en casa de los suegros, donde residía su ex.

Entre tanto, ‘Luz’ buscaba a toda costa quitarle la custodia, pese a conocer la conducta violenta de su hijo y sospechar que su esposo tiene comportamientos extraños (ningún adulto normal pasa horas con un niño encerrado en el baño). Y movió sus fichas. No es casualidad que la anterior comisaria de familia que llevaba el caso se fuera y que la sustituyera una que actúa como si le debiera el puesto a ‘Luz’.

El 18 de agosto pasado, por la mañana, ‘Luz’ orquestó un episodio para coronar su objetivo. Dirigidos por uno de sus escoltas, unos policías de un CAI y su hijo irrumpieron en el apartamento de ‘Mía’ para llevarse al niño. Tras una fuerte discusión, en la que el antiguo matrimonio llegó a las manos, a ‘Mía’ se la llevaron esposada. La acusaron de agresión y pasó 24 horas detenida.

La comisaria de familia hizo su parte y decretó que, de manera temporal, la custodia debía quedar en manos del padre. No importó que fuera maltratador, ni que el abuelo pueda tener acceso al niño o que la abuela haya tapado todo. Tampoco que el pequeño tenga miedo al abuelo o que no existieran argumentos válidos para cambiar la custodia. La justificación esgrimida es que ‘Mía’ estaba en su apartamento con una amiga y su bebé de meses, y un amigo, y había botellas de cerveza vacías. Lo que la comisaria encuentra terrible es que una madre joven tome unas cervezas con amigos en la noche de un festivo, una vez acuestan a los niños.

Esa comisaria fijó para el 14 de octubre la decisión sobre la suerte definitiva del pequeño. ‘Mía’ necesita una ONG o un abogado solidario que la ayude.

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Santos y la lavandería

Lo preocupante es la letra menuda del acuerdo y los espacios que deberán rellenar los subversivos.

No es un tribunal para juzgar crímenes atroces, es una lavandería. Una vez más, las Farc ganaron la partida. Nos vendieron un engendro laberíntico donde enterrarán las ansias de justicia y verdad de muchas víctimas de la guerrilla. Si resulta difícil creer en la justicia ordinaria, qué confianza puede merecer un tribunal sesgado desde el inicio. Pensar que las Farc meterán sus manos ensangrentadas en la creación de una entidad que deberá juzgarlos produce escalofríos.

No hay más que escucharlos y leer sus trinos después de la ignominiosa ceremonia de La Habana, para confirmar su nula voluntad de admitir crímenes; solo quieren que les laven culpas. Se ríen del general Mendieta, amenazan con investigarlo; igual hacen con Belisario Betancur; le dicen a Pastrana que tendrá que responder por la masacre de Bojayá, que ellos cometieron; y advierten, entre otras cosas, que denunciarán la persecución implacable de las Fuerzas Militares.

Pero eso no es lo perverso, lo preocupante es la letra menuda del acuerdo y los espacios en blanco que deberán rellenar los subversivos y su contraparte. Uno de ellos es que el tribunal estudiará casos de empresarios, agentes del Estado, paramilitares, subversivos, entre otros, tanto juzgados como no juzgados. Y pueden presentarlos la Fiscalía, ONG y víctimas particulares, además de que será medio siglo de conflicto armado el periodo bajo la lupa, lo que diluirá la responsabilidad de las Farc y hará imposible conocer la verdad.

Con frecuencia unos olvidan que se sentaron a negociar con ellos no porque sean revolucionarios con legitimidad y pueblo detrás, como pretendió hacer creer al planeta Raúl Castro, con el beneplácito de Santos, sino por tratarse de una organización de delincuentes a la que es casi imposible derrotar.

En cuanto a los veinte años de prisión para los que no confiesen, no nos engañemos, no están pensados para los capos de las Farc, sino para empresarios, militares y policías, así como políticos de la oposición. Cuando a un grupo de torcidos, como las Farc, les encargan crear las reglas, solo podemos esperar un campo de juego minado de trampas.

Y qué tal la de imponer un pueblo por área de “restricción” de libertad y que sea construir una escuela, cultivar lechugas o desminar algunas de las “sanciones”. Vean la perla que dejó el español abogado de las Farc: “El desminado no es cualquier sanción, imagine lo que es estar cinco años desminando; es un gran riesgo para la vida”.

Lo de los delitos conexos, que santifica la Corte Suprema, causa estupor. El narcotráfico –dicen– es uno de ellos. Pregunto: ¿el centenar de erradicadores de matas de coca asesinados por las minas en los cultivos son muertos por la bendita rebelión? Y aún les queda meter el secuestro de civiles en esa extraña “conexidad”. No saben aún cómo hacerlo, pero algo se les ocurrirá.

Mi espacio es corto para un tema tan complejo, pero una última reflexión. No es necesario que los santistas, los mismos que pedían a gritos cárcel para Andrés Felipe Arias o Andrés Carmargo (preso de manera injusta por las losas de TransMilenio), ahora prediquen que exigir condenas tras las rejas por crímenes atroces es “fetichismo carcelario”, que “meter gente tras barrotes no tiene fundamento”.

Esa arbitrariedad, esa incoherencia tan cachaca, esas distintas varas de medir, son algunas raíces de la violencia. El triunfo no fue de Santos, sino del terrorismo. Con armas, nos comunicaron, se alcanzan fines.

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Las lentejas de Piqué

Si no se siente español, ¿qué hace en la selección? Ganar plata, supongo.

Colombia y sus enfrentamientos con Maduro no son noticia en Europa. Mientras las tropelías fronterizas del tirano chavista ocupan los noticieros colombianos, en España, donde me encuentro, pasan casi inadvertidas. El foco está en el insoluble problema de los refugiados sirios, qué hacer con ellos y con su guerra.

El Primer Ministro de Hungría, país que recibe la mayor oleada de exiliados, advirtió que solo aceptará sirios de religión cristiana, no quiere musulmanes que impongan sus tradiciones. En dos décadas, pronostica, serán más de cien millones en el Viejo Continente. En lugar de campanarios, veremos minaretes y mujeres cubiertas de la cabeza a los pies, haciendo trizas las Constituciones donde es dogma la igualdad de sexos. El velo simboliza el sometimiento de la mujer al hombre, con todo lo que conlleva. El temor de muchos, aparte de financiar asilados en naciones de economías precarias, es que conformen en el futuro mayorías ciudadanas que les permitan conquistar alcaldías en las urnas e imponer leyes islámicas.

También preocupa el dilema que Washington y los gobiernos europeos no parecen dispuestos a abordar de inmediato: ¿cómo acabar la guerra y detener el flujo de refugiados, si continúan alimentándola? ¿Dejan de armar a los rebeldes sirios? Ya conocen que parte de las ayudas que repartieron entre una maraña de grupúsculos indescifrables contribuyeron a fortalecer el Estado Islámico.

Apuesto a que tarde o temprano harán lo mismo que en Egipto: abandonarán los sueños democráticos y a unos rebeldes que no los encarnan; mirarán para otro lado y permitirán que Assad reasuma el poder absoluto.

Si pudieran, harían igual en Libia, donde reina el caos y no se avizora una luz en el horizonte. Dejaron que mataran a Gadafi y no tienen recambio para el sátrapa.

Más de uno en Colombia se dirá, ¿en qué me afectan los problemas de esas naciones árabes? Que se apañen los imperialistas europeos que los causaron.

Pero tiene consecuencias, empezando por el proceso de paz de Santos, que pasa a un plano muy secundario. No esperen grandes apoyos económicos después de la firma del engendro que negocian en Cuba. La prioridad europea será financiar refugiados, reforzar la guerra contra el Estado Islámico y reconstruir Siria más adelante.

Si ahora las conmovedoras imágenes de familias sirias en las fronteras obligan a la Unión Europea a tomar medidas improvisadas para paliar su drama, será peor en los meses invernales, con la nieve agravando las condiciones infrahumanas en que sobreviven los errantes.

En España, además, la atención está concentrada en las elecciones catalanas del domingo 27. Parece que ganarán Gerard Piqué y los que creen que Cataluña, que jamás fue nada distinto a una región o un condado, debe convertirse en nación soberana. El esposo de Shakira hace campaña a favor de la separación de España y por eso lo chiflan en los partidos de la ‘Roja’. Si no se siente español, ¿qué hace en la selección? Ganar plata, supongo. El caso del jugador, que se vende por un plato de lentejas, es insignificante frente a las repercusiones económicas y políticas de la independencia de Cataluña.

Pero ilustra lo que soportan los españoles desde la Constitución de 1978: un incesante bombardeo de ansias separatistas e invectivas contra el Estado español, mientras exigen y cobran cheques de España. Quizá llegó la hora de soltar amarras.

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El suicidio de Santos

El presidente declaró que el “referendo es un suicidio”, pero sabe que no todo el país traga entero.

La primera vez que intenté entrevistarlo, en mayo pasado, se me atravesó un guerrillero en moto. Yo caminaba por la vía destapada que de Río Negro conduce a la finca del ‘Inválido’, el poderoso mafioso que controla el narcotráfico del frente sexto de las Farc. Fuerzas Especiales del Ejército lo habían capturado en su casa un par de meses atrás, pero debieron soltarlo porque un grupo de civiles, entremezclados con milicianos, atacaron a los militares a palos, golpes y disparos. Mataron a un soldado.

“¿Quién es? ¿Qué hace? ¿Qué busca?”, quiso saber el guerrillero. Luego registró el morral, la cámara de fotos. “Entrevistar al ‘Inválido’ ”, respondí. “No siga, doña, no se puede, no tiene permiso. Devuélvase”, ordenó. Discutimos un rato y aproveché para cuestionarle la política de las Farc de plantar minas que pisan labriegos pobres. Una niña acababa de morir por una que ellos sembraron. “Solo con minas la oligarquía se entera de las injusticias”, fue uno de sus argumentos. Río Negro, guarida del capo de las Farc, es una vereda de Corinto (Cauca). Está situada en un cerro de la cordillera Central desde el que se divisa una hermosa llanura alfombrada de cañaduzales.

Regresé el 19 de septiembre. Fui en mototaxi desde Corinto, a solo media hora, y luego hice a pie el mismo trayecto de mayo. Durante largo rato nadie me detuvo y pensé que de pronto el ‘Inválido’ había cambiado de refugio. Me metí en una finca de marihuana y coca, cultivos que abundan en la zona. Pregunté por la casa del capo, que yo sabía estaba cerca. “¿Tiene permiso?”, inquirió un señor. “Sí, claro”, mentí. “Es más adelante”, señaló. Continué y en un rancho una mujer advirtió: “No pregunte. A uno acá lo matan por hablar”.

Minutos después se me atravesaron dos motos. En una iba el guerrillero de la vez anterior. “Vine porque estamos en tregua. Ahora sí puedo ir a la casa del ‘Inválido’, le dije. “Sí, pero acá eso no es así. El señor no deja. Váyase”, respondió. Insistí, pero no lo convencí. Abordó su moto y desapareció.

Di la vuelta y, a pocos metros, dos motos me cortaron el paso. Un miliciano inició idéntico interrogatorio. “Ya hablé con otro guerrillero. Vine a entrevistar al ‘Inválido’ y no me dejaron, por eso me voy”, conté. Pero siguió preguntando hasta que me hizo una seña para que siguiera mi marcha.

Antes de dejar Río Negro, entré a una tienda y me puse a conversar con campesinos. Uno opinó que los cultivos ilícitos trajeron la desgracia a la región. De repente, irrumpió el primer guerrillero junto con uno mayor. De manera grosera, el de más edad esculcó mi mochila, leyó notas del cuaderno, revisó mi grabadora y me obligó a borrar fotos. “¿Por qué viene acá sin permiso?”, peguntó con brusquedad. “Porque me da la gana. Colombia es un país libre, no tengo que pedir permiso a nadie”, respondí en el mismo tono. “Pero ya me voy, su compañero me echó”.

“Espere a ver qué dice el jefe”, indicó de mal genio. Aguardé cerca de una hora. “La llevo en la moto a la Ye, que pasa transporte a Corinto”, decretó al fin. Manejó en silencio y se volvió en cuanto me dejó.

Nunca sacaron un arma, no amenazaron. No era necesario. Son los amos absolutos de un pueblo esclavizado que protege al ‘Inválido’ por interés y por miedo. Ese es el posconflicto de las Farc; serán muchos los Ríos Negros que tendremos. Por eso Santos declara que el “referendo es un suicidio”. Sabe que no todo el país traga entero.

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