Columnas

El niño de la playa

La emigración será el gran problema del presente siglo, junto a la falta de agua.

No era necesario verle la cara ni conocer su nombre. Ni escuchar el relato de su padre. Su cuerpecito varado en la arena, acariciado por las olas, es el grito atronador de los desesperados. Era sirio, pero pudo ser sudanés, pakistaní, chino, libio, salvadoreño, somalí, cubano… Son cientos los que mueren cada año en el planeta intentando alcanzar otra frontera.

¿Qué hacemos en Colombia con emigrantes que pasan por este país arriesgando la vida, igual que la familia del niño de la playa? ¿Acaso escuchamos a este u otro gobierno ofreciéndoles refugio, techo, comida, un futuro, dándoles la mano? Y los ciudadanos, ¿clamamos por sus derechos con el mismo fervor que con los deportados colombianos?

Decenas de ellos utilizan Urabá y la ruta del Darién en su tortuoso recorrido hacia Estados Unidos. Van hombres solos y también padres con hijos. Si los caza la policía en una flota, con frecuencia los dejan seguir a condición de pagar un soborno. Otros agentes honestos los detienen y no saben qué hacer con ellos. Lo normal es que sus países –Bangladés o Somalia– no tengan delegación diplomática. Y si cuentan con una embajada en Bogotá, alegan que no hay fondos para repatriarlos.

Los detectados al menos han sobrevivido a un viaje caro y espantoso, con unos tramos recorridos en condiciones infrahumanas. A otros se los traga el mar o la selva, y si llegan a una orilla y los recogen, quedan en el cementerio de Turbo, enterrados sin nombre.

Ahora que el gobierno Santos está conmovido por los compatriotas expulsados de Venezuela como perros, podría voltear la mirada hacia el otro lado y buscar una salida a esos seres humanos llegados de lejos. Poseen las mismas ansias que los nuestros de salir adelante con su esfuerzo, de encontrar una nación que los acoja.

Hace poco estuve en Urabá y conversé con unos policías sobre esos extranjeros. Y estábamos de acuerdo. Pensábamos que no deberían detenerlos, sino mirar para otro lado si advertían su presencia en Turbo o Apartadó, donde demoran varias jornadas escondidos en casas de lugareños que los guardan a cambio de que la red de coyotes les paguen una plata.

Deberían permitirles continuar su ruta hacia La Miel, el pueblito panameño por el que muchos pasan. No hacen daño a nadie, no son delincuentes, y Colombia solo es territorio de tránsito.

Lo bueno sería que los emigrantes asiáticos, latinos y africanos nos vieran como puerto de destino y les abriéramos los brazos. Pero ni siquiera acogemos a los cubanos en busca de asilo del aeropuerto de El Dorado, y hace poco deportamos a un estudiante venezolano a sabiendas de que lo juzgarán sin garantías ni derechos. ¿Qué puede, por tanto, esperar el resto?

Colombia debe abrir la mano no solo a la rica inversión extranjera, también a emigrantes sin recursos, cargados de sueños. Siempre fue un país cerrado, a diferencia de Venezuela, así nos duela reconocerlo.

Los recientes dramas del Táchira, Budapest, el Mediterráneo o la costa turca deberían movernos a pensar que también aquí somos culpables de una tragedia de dimensiones bíblicas para la que no hay soluciones fáciles ni rápidas en ningún lugar del planeta. La emigración será el gran problema del presente siglo, junto a la falta de agua.

Es fácil tirar piedras a europeos y norteamericanos por una fotografía que nos devasta. Y seguir sin mover un dedo cuando el drama toca la puerta de casa.

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Ganó Maduro

El día que la oposición venezolana conquiste las urnas podremos pensar en una frontera normalizada.

No hay más que escuchar a la canciller chavista con la verborrea habitual del régimen dictatorial bolivariano y seguir la crisis fronteriza por Telesur, para comprender que Caracas ganó la batalla. Y no pagó precio político ni diplomático.

¿Dónde están los otros socialistas íntimos de Santos? O me lo perdí o no hubo una sola voz solidaria de los presidentes del Alba. Yo creía que ya no estábamos aislados, que nos adoraban, o eso cacareaban en Palacio, y que saldrían a rechazar los abusos contra los inmigrantes ilegales y darnos un espaldarazo. Tan ilegales como los de Estados Unidos, por los que siempre claman.

Pues ni una palabra. Las únicas fueron las de ese expresidente al que le dieron un puesto en Unasur a cambio de vender su alma al diablo. Si ya la vendió una vez, pensaría en su día, ¿por qué no también a Maduro y su corte de payasos?

Colombia tiene que salirse ya de Unasur, por dignidad y por plata. Con el agujero que tienen las finanzas públicas, agravadas por la estrepitosa devaluación del peso, mejor nos ahorramos el dinero de un organismo que solo sirve para darnos rabia. No tiene justificación alguna pagar para que Samper se dedique a amparar a su Señor Maduro, cual fiel lacayo, a costa de los colombianos.

Con todo, lo peor de la crisis no fueron las dramáticas imágenes de familias enteras cruzando el río Táchira con sus enseres a hombros, iguales a las del éxodo de pueblos enteros en tiempos de los ‘paracos’. Ni las casas marcadas. Lo preocupante es el futuro de un sinnúmero de colombianos que sobrevivían del rebusque y del contrabando.

No entendí que Santos se sacara de la manga mil empleos como si tuviera siempre una bolsa lista para estos casos. No sé si hay que ser damnificado de Maduro o del invierno para encontrar trabajo. En Cúcuta no hay fuentes de empleo desde hace años, y nadie sabía que el Presidente guardara unos cientos de puestos bajo el brazo. Me pareció peligroso ese populismo barato, igual que el de Uribe comprando mercados.

¿Por qué no estuvieron con esos mismos colombianos antes de verse obligados a buscar en otro país un sustento que aquí no encontraron?

El fronterizo es un problema de largo aliento que no tiene remedio mientras en Venezuela haya un gobierno de izquierda radical, dictatorial y mafioso. Mientras su economía siga rodando al fondo del abismo y la corrupción de la Guardia Nacional y dirigentes del chavismo, con Diosdado Cabello a la cabeza, esté desbordada, será una tentación gigantesca para miles de colombianos y venezolanos ganarse la vida revendiendo al menudeo dólares, gasolina y productos subvencionados.

Y para las bandas narcotraficantes, con arraigo en el Norte de Santander, será muy lucrativo formar carteles de gasolina en alianza con los corruptos del país de al lado.

Solo el día que la oposición venezolana conquiste el poder en las urnas, algo que Maduro intenta obstaculizar decretando estados de excepción, podremos pensar en una frontera normalizada y en relaciones diplomáticas sensatas. Porque ahora miramos al Táchira, pero está el santuario de Farc y Eln en Apure, limítrofe con Arauca. ¿Por qué Santos y su Canciller, tan sumisos con Maduro, no elevan su voz y exigen combatir por igual guerrillas en Apure que ‘bacrim’ en Táchira?

Ya vieron que arrodillarse ante dictadores que protegen criminales no paga.

NOTA: tampoco debe ser país garante en La Habana.

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Lo tumbaron, Ministro

¿Se imaginan que Avianca declarara la caída de una aeronave sin un estudio serio?

Volvieron a caer en la trampa que les tendió Uribe. Cada vez que el Gobierno hace una declaración es más evidente que se instalaron en la mentira. Todo para tapar la boca al senador, porque conocer la verdad del caso es lo que menos les preocupa.

Yo no descarto que ‘los Urabeños’ tumbaran el Black Hawk, pero no deja de ser una opinión personal sacada de lo que vi y escuché en las horas que caminé con dos campesinos, de la vereda Piedras Blancas, hasta el lugar donde cayó el helicóptero, y de mis entrevistas con nativos y técnicos. Podría decir que cuento con más elementos de juicio que el Ministro de Defensa, que se limita a decir lo que le ordenan.

Prueba de que el señor Villegas falta a la verdad fue su comparecencia en la Comisión del Congreso, donde abordaron el caso del siniestro aéreo. El mismo día que aseguraba que fue un accidente, yo veía en el terreno cómo rescataban piezas del aparato que serán esenciales para que los expertos averigüen lo ocurrido. Por tanto, su afirmación carecía de sustento.

¿Se imaginan que Avianca diera declaraciones improvisadas y acomodadas para justificar la caída de una aeronave sin esperar un estudio neutral y serio? Las familias los tendrían demandados por manipuladores. Pero como los muertos son policías y les organizan funerales de héroes, que sus familias se aguanten y se den por contentas.

Tengo otras reflexiones. 1) La geografía de la zona no es terrible, son montañas de mediana altura, tapizadas de árboles; el clima no ha sido tormentoso, aunque sí aparecen de repente nubes bajas; extraño que el Black Hawk fuera a muy alta velocidad si estaba a punto de desembarcar policías; había ‘Urabeños’ en tierra, aunque los helicópteros dispararon desde el aire a la zona boscosa para asegurar el área. Muchas veces esos narcotraficantes les han impactado aparatos y pudieron hacerlo en esa ocasión. Ya dijo alias ‘Inglaterra’ que no se quedará quieto.

2) Si lo tumbaron, fueron ‘los Urabeños’. El helicóptero cayó en territorio que controla por completo ‘Inglaterra’. Una de las razones por las que los campesinos lo adoran es porque mantiene alejadas a las Farc. En esa parte de Urabá las odian.

3) En lugar de comunicar el resultado de un análisis científico independiente sobre las autopsias a los cadáveres, el director de Medicina Legal parecía un oficial más emitiendo un parte de victoria militar, flanqueado por el Ministro de Defensa y el Director de la Policía Nacional. Si no fuera por las vidas que hay de por medio, su enmarañada explicación sobre la razón de hallar proyectiles en los cuerpos de algunos uniformados competiría con la famosa reina de belleza de “mujer con mujer, hombre con hombre…”.

4) La diferencia entre el Ministro de Defensa y su jefe Santos con muchos colombianos, como yo, es que nosotros queremos conocer la verdad sobre lo ocurrido con el Black Hawk y ellos, solo ganar una batalla política. Deseamos que la próxima vez que la Policía Nacional lance un operativo contra ‘los Urabeños’ corrijan errores, si se trató de un fallo del piloto; revisen los helicópteros, si la falla fue mecánica, o actúen de otra manera si esa banda criminal derribó el aparato. Y si lo hicieron, que la Fiscalía persiga a los autores de la masacre.

Insisto: nos valen cinco los trinos interesados de Uribe que tanto descomponen a Santos y su entorno. Necesitamos verdades, estamos hartos de mentiras oficiales.

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Gracias, Sofía

Quizá es hora de hacer obligatorias las donaciones de órganos. No tiene sentido nuestra cobardía.

Por una emotiva crónica de EL TIEMPO supimos que Sofía El Khoury, fallecida a sus 10 añitos tras un accidente en un hotel de Estambul, revive ahora en cuatro niños israelitas. Los papás de Sofía, que la llevaron a Israel desde Turquía en un intento desesperado por salvarle la vida, donaron sus órganos. De ahí que su corazón y sus pulmones permitan hoy respirar a un adolescente de ese país; que el hígado resucitara a un niño de 9, y que los riñones hayan salvado a dos menores de 16 y 9 años.

También RCN emitió un magnífico documental –’Morir para vivir’ (htpp://noticiasrcn.com/videos/morir-vivir)–, dirigido por Patricia Gómez. En él, la madre de quien fuera Mejor Bachiller de Colombia del 2010 rememoraba los últimos días de su único hijo, fallecido de un aneurisma en el 2013. Y animaba a los colombianos a seguir su ejemplo, el mismo que el de la familia El Khoury.

Miguel Ángel Ariza, estudiante de Matemáticas y Literatura, con beca en la Universidad de los Andes, apasionado de la escalada en paredes rocosas, enfermó y murió de manera repentina. Era un chico fuera de serie, de esos que provocan preguntarle a Dios por qué llevárselo si podía aportar tanto a un país y a un planeta necesitado de jóvenes brillantes, sanos, intelectualmente inquietos y solidarios.

Su mamá pudo optar por ahogarse en su llanto y rechazar la voz que le pedía los órganos de Miguel Ángel. Nadie se lo habría reprochado. En nuestra sociedad, tan apegada a ideas retrógradas sobre la muerte, llena de supersticiones y prejuicios, pocos se atreven a interrumpir el desconsuelo de una madre y lanzarle la pregunta. Es más, prevalece la opinión de que solo plantearlo supone ser indolente con una familia abatida, ponerse a la altura de las aves carroñeras.

Gloria Aydé Ariza, sin embargo, lo tuvo nítido. Su hijo viviría no solo en su recuerdo y en el de quienes tuvieron la suerte de conocerlo, sino en otras personas que no supieron de su existencia. Fueron diez las que resultaron compatibles, y prueba de que no hay politiquería ni privilegios en la elección de receptores de órganos es que un riñón fue para una señora adulta, de estrato humilde, que inscribió su nombre en la lista de espera y aguardó paciente a que le llegara el turno. El otro riñón lo trasplantaron a un adolescente de 16. Los demás órganos, así como las córneas y tejidos, están en otras personas.

Pero no todos cuentan con suerte. El año pasado murieron 72 colombianos esperando un órgano, pese a ser un país con miles de muertes violentas en grandes ciudades. Hay 2.254 enfermos haciendo cola y solo 300 donantes potenciales.

Con lo difícil que es hallar fallecidos cuyas familias estén dispuestas a ceder y al no contar siempre con centros médicos que puedan conservar y trasplantar órganos (el corazón de Miguel Ángel no llegó a tiempo a un enfermo), quizá es hora de hacer obligatorias las donaciones. No tiene sentido que sufran y mueran enfermos, incluidos niños, solo por nuestra desidia, ignorancia o cobardía.

SALUD HERNÁNDEZ- MORA

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¿Y Naranjo, qué?

Al general Óscar Naranjo lo necesitamos de regreso y con liderazgo recuperado.

Es un entierro de Manual Político, Capítulo 1: Cómo acabar con un aspirante a vicepresidente, con más novias de las que puede atender, en menos que canta un gallo. De pronto me equivoco y estamos ante una jugada maestra digna de Maquiavelo. Pero la vertiginosa ascensión a la gloria del general Óscar Naranjo, cuando era director de la Policía, y su cadenciosa desaparición de escena hasta convertirse en un espectro no auguran una fácil recuperación. Y eso que en política lo que hay son cadáveres resucitados.

Con uniforme, sus índices de popularidad superaban los de los dirigentes políticos. Al retirarse, marchó a asesorar al Gobierno mexicano mientras los cantos de sirena de distintas toldas le alegraban el oído. Se dejaba cortejar sin decidirse, hasta que la ambición y la falta de malicia para moverse en un mundo de reglas torcidas le aconsejaron dar un paso en falso.

En un país dividido en dos mitades, optó por tomar partido en el momento inadecuado. Podría haber esperado, pero debió creerse los rumores de que un día lo harían vicepresidente y aceptó la mano de Santos. Como ya sabemos, le dieron primero un paquete chileno: ser integrante mudo de la delegación de La Habana. En aquel momento, de haber sido yo política y considerarlo mi rival, habría celebrado con voladores.

Debió cambiar su cara agradable, su locuacidad y su protagonismo por el rostro circunspecto, la boca cerrada y un caminado rápido frente a las cámaras que graban el sigiloso y monótono paso de las delegaciones de Gobierno y guerrilla hacia la sala de reuniones. Las escasas veces que habló pasó inadvertido, porque no daba una opinión, repetía una orden por escrito y casi siempre mal recibida por los que fueron sus hombres.

Puede que para levantarle la moral, o quién sabe si dentro de esos juegos a cinco bandas que una es incapaz de interpretar, le inventaron un ministerio para que se entretuviera como hicieron en su día con Lucho y su alta consejería de algo que no recuerdo.

Pronto se cansó del juguete o jugaron de nuevo con él y lo regresaron a Cuba, donde quizá medite cómo lo pulverizaron los políticos. Ya lo vivieron en propia carne Rosso José Serrano y otros. Mojan prensa en el cargo, adivinan ante ellos un universo de oportunidades y los evaporan.

Pero a Naranjo lo necesitamos de regreso y con liderazgo recuperado. No sé cómo se logra, ni siquiera si es posible. Porque este proceso de paz chueco que nos dejarán firmado el año que viene o en el 2017 requiere una reforma de fondo de la Policía Nacional. Se vendrá una delincuencia salvaje de los guerrilleros que sigan en el monte, gente de 10, 15 y más años de experiencia terrorista, mejor entrenados y con más disciplina que muchos ‘paracos’. Ya hay capitales con inseguridad callejera irrespirable y solo irá a peor.

Naranjo tenía antes una idea muy clara de cómo llevarla a cabo, pero se requiere ser más que una sombra para imponer criterios. También la cúpula policial debe abandonar su actitud servil para esa revolución interna que cambie la actual estructura caduca, gastada, que genera desmotivación entre cientos de profesionales excepcionales, y corrupción. Una cosa es respetar la institucionalidad y otra ser los tontos útiles del paseo.

NOTA: por cierto, general Palomino, atrapen al ‘Morocho’, que extorsiona en la zona del Guanábano, Campoalegre (Lorica). Es cruzar el Sinú por el primer planchón y ya. Un día irá la ministra a inaugurar el bonito colegio de allá y ese tipo los deja como un zapato.

 

Salud Hernández-Mora para eltiempo.com

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