Columnas

No a Barcelona

Bajo el manto del deporte, se esconden con frecuencia intereses políticos de altos vuelos.

En estos tiempos en que Real Madrid y Barcelona FC cuentan con miles de seguidores en Colombia, viene a cuento relatar alguno de los chismes sobre lo que se cuece en la trastienda del universo futbolero español.

Siempre dijeron en Cataluña que el Barcelona “es mes (más) que un club”, es decir, una de las puntas de lanza del catalanismo, de sus ansias independentistas. Y como el Barça juega a algo más que al balón, el Real Madrid también ha optado por cruzar la frontera del deporte y se ha negado a prestar el Santiago Bernabéu para la final de la Copa del Rey.

Si no ha querido dejar su estadio al Barcelona para el partido que lo enfrentará al Athletic de Bilbao (del País Vasco o Euskadi) no es por la bofetada que supondría que su máximo rival celebre un nuevo título en la casa blanca (todos los pronósticos dan al Barcelona como seguro ganador). Esa sería una lógica futbolera, pero en el caso reseñado se trata de una decisión de calado político.

El Real Madrid no está dispuesto a permitir que su estadio se utilice para insultar el himno nacional y, por ende, a España, ni a la monarquía. Para nadie es un secreto que las hinchadas de los dos conjuntos finalistas de la Copa del Rey recibirán con una estruendosa silbatina los acordes del himno español. Igual trato dispensarán al rey Felipe, no tanto porque lo detesten, sino por ser la corona uno de los principales símbolos de la unidad de España. Tampoco es descartable que desplieguen pancartas a favor de la independencia de Cataluña y Euskadi.

Para los catalanes y vascos que anhelan que sus regiones se conviertan en Estados soberanos, no tiene el mismo simbolismo protagonizar gestos contra la nación a la que no quieren pertenecer en Madrid, su capital, y en el estadio del club español por excelencia, que hacerlos en el Camp Nou, la cancha que al final ha sido designada para la final.

Al no contar Madrid con un estadio público tipo Wembley o El Campín, la Federación Española debe pedir permiso a los clubes para que le dejen sus estadios y estos pueden, como acaba de hacer el Real Madrid, denegarlo, pese a que el Barcelona insistió hasta el infinito.

No todos los fanáticos del Barcelona son independentistas, y menos los que lo apoyan fuera de España, pero sí lo es el club de manera oficial, así como algunas de sus máximas figuras. Gerard Piqué, entre otros, estuvo presente en la marcha a favor de la independencia de Cataluña o Catalunya, como ellos prefieren llamar a una parte de España que nunca fue independiente, como tampoco lo fue el País Vasco, ni siquiera cuando sí lo eran Castilla o Navarra, por citar solo dos de los grandes reinos que tuvo la península Ibérica antes de que Juana la Loca, hija de los Reyes Católicos, reinara a principios del siglo XVI sobre la España que hoy conocemos. Pese a ello, ambos departamentos exigen constituirse en naciones independientes. De hecho, las autoridades catalanas han anunciado que declararán la independencia de Cataluña en el 2017 de manera unilateral, objetivo que tendrá serias dificultades para concretarse. Uno de los principales es que no contará con el aval de la Unión Europea. En otros países del Viejo Continente también soplan vientos independentistas, y no están dispuestos a abrir una peligrosa caja de Pandora.

Bajo el manto del deporte, y eso lo saben Cuba y demás dictaduras comunistas, se esconden con frecuencia intereses políticos de altos vuelos. Ya ven que no todos los goles los marcan Ronaldo y Messi.

Salud Hernández-Mora (para eltiempo.com)

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Freno a los ladrones

Sumen y sabrán por qué en los pueblitos es la tierra y no el asfalto lo que impera.

Es como si te empujaran a ser violento, narco y corrupto. Te va mejor con una historia de crímenes y sufrimiento que con un pasado apacible. El Estado da puntos extras a los municipios con cultivos ilícitos y con distintas violencias. Pero si no tienes un solo hecho sanguinario que mostrar en la Hoja de Vida de la localidad, compites en desventaja por los recursos públicos. A más muertos, más proyectos. Y a mayor corrupción, más contratos. Porque esa es otra, la de los nefastos cupos indicativos, entre otros atracos.

Imagine que a su municipio llega un congresista con 800 millones bajo el brazo. Tiene afán para gastarlos, es el último puchito que le queda de lo que le regalaron en la Casa de Nariño. Ofrece dárselos para una obra cualquiera a cambio de que el alcalde no meta las narices en el contrato ni en la escogencia del contratista. Solo necesita firmar y rezar para que no se embolsillen todo y hagan algo. Porque si el congresista le deja un elefante blanco, las ías le caen al alcalde. Es el robo perfecto.

Por eso en Coper prefirieron vivir pobres, pacíficos y honrados, aunque quisieran que les echaran una mano más grande. Es un pueblito boyacense apacible, rodeado de un paisaje hermoso en pleno corazón de la región esmeraldera. De sus entrañas no han extraído una solo gema y tampoco sufrieron los embates de las guerras de los clanes de Maripí o Muzo, por citar dos vecinos alborotados. Alrededor se mataban mientras ellos permanecían tranquilos.

Su única batalla con Maripí, que duró bastantes meses, fue por un fondo de 500 millones para un trapiche panelero. Es decir, el mismo dinero del que hablaba el famoso abogado Pacheco. Solo que en Coper se beneficiarían 85 familias. Así de pobre anda el campo, que dos pueblos pelean lo indecible por conseguir para el sustento de decenas de familias la misma cantidad de una minimordida en alta corte.

Por fortuna se lo llevó Coper, que sabrá aprovecharlo al máximo. También dejarán en condiciones dignas a un puñado de campesinos que viven en casas miserables en sus diminutas fincas si la Gobernación cumple su promesa y da la plata. Porque en años electorales algunos políticos tienen la tentación de incumplir a un pueblito de pocos votantes.

Al igual que otras localidades, quisieran atraer turismo, pero chocan con vías infames. Viajé por Maripí a la ida y solo pude sacarle fotos a un puente moderno sobre la quebrada La Locha. Es uno de tantos monumentos a los corruptos; cruzarlo es imposible, le falta un pedazo de asfalto y además está hecho en terreno inestable. Con peso, se iría abajo. Lo aprobaron en el gobierno Uribe, en aquel fiasco llamado Plan 2.500, que se volvió una robadera, y lo inauguraron en noviembre del 2013. No creo que haya nadie preso ni siquiera avergonzado al ver que los vehículos deben bajar por una trocha bajo el puente y atravesar por las aguas, ahora que aún están bajas.

De regreso fui por la carretera destapada de Bellavista, otra desgracia. Se hace penoso un trayecto que pasa por cascadas y montañas verdes preciosas. Están pavimentando 83 kilómetros sobre el papel, pero todo el mundo es consciente de que al final harán la mitad, y eso.

Si hay suerte, invierten el 47 por ciento en las obras. Con frecuencia, un 30 por ciento se va a pagar funcionarios corruptos y deben restar un 13,5 por ciento de impuesto social (absurdo, porque se trata de un proyecto social a su vez). Sumen y sabrán por qué en los pueblitos es la tierra y no el asfalto lo que impera.

Salud Hernández-Mora (para eltiempo.com)

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Pretelt, no dimita

No se vaya, magistrado Pretelt. Si lo hace, sus colegas se frotarán las manos y nada cambiará.

No, no se vaya, magistrado Pretelt. Si lo hace, sus colegas de las altas cortes se frotarán las manos felices y nada cambiará. Ellos y la Fiscalía General podrán seguir haciendo sus trapicheos con toda frescura. También reinará la felicidad en el Congreso y la Presidencia. Porque todos saben que en el concierto para delinquir y “politiquear” en que se ha convertido el sistema judicial de altos vuelos, son necesarias esas dos patas más. Y con su dimisión venderán al país la idea de que muerto el perro se acabó la rabia. Que con su salida y la desaparición del Consejo Superior renacerá la justicia. Y más hedionda no podrá quedar. Pestilente y bendecida la cloaca por un grueso manto de impunidad.

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Robar a los niños

El gobernador de Bolívar, J. C. Gossaín, es corrupto por acción u omisión. Lo escribo así de claro.

Los turbulentos manejos de la Corte Constitucional importan en las grandes ciudades. Pero en esa otra Colombia olvidada, alejada de los centros de poder, les vale cinco. Allí les quitan el sueño otros corruptos, que les roban el presente y el futuro de sus hijos ante la mirada indiferente de la Casa de Nariño.

El gobernador de Bolívar, J. C. Gossaín, al que debe conocer muy bien el Gobierno porque el Presidente se la pasa en la Casa de Huéspedes de Cartagena, es corrupto por acción u omisión. Lo escribo así de claro y mis pruebas son irrefutables: estamos a 15 de marzo y miles de escolares del sur de Bolívar no han comenzado las clases. Debieron empezar el 13 de enero y sus profesores, estar contratados desde el 5 para organizar el curso. Pero como necesita la plata de la educación para engordar sus bolsillos y los de sus amigos, los niños y adolescentes están de brazos cruzados.

 

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Los torcidos de siempre

¿Alguien cree que muerto el Consejo Superior se acaba el virus que corroe la justicia?

¿Saben por qué me suena raro lo del famoso soborno? Porque si el pleito era de 22.000 millones de pesos, ni de vainas piden 500. Mínimo dos mil. Cuando compran un “negocio” (bonita palabra para referirse a procesos) hay que dar de comer a más de uno, y con 500 quedan hambrientos. Aparte del monto, tampoco cuadran los tiempos. Pudieron evitar la elección de Pretelt y no lo hicieron. ¿Solo lo denunciaron al comprender que aparecería en medios? Aún hay demasiados cables sueltos.

Lo cierto es que en la Corte Constitucional, en la Suprema, en el Consejo de Estado y en el Consejo Superior de la Judicatura todos conocen la compraventa de procesos. Y la corrupción no se corta botando el sofá de los novios.

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