¿Es el Papa coherente?

Me fascina su mano dura contra la contaminación, pero no lo siento coherente siempre.

Me gusta este Papa, ha tomado medidas que los católicos llevábamos años esperando, tales como equiparar los curas pedófilos al resto de depravados o implantar la austeridad en una Iglesia derrochona. Pero tampoco lo divinizo; hay declaraciones que rozan el populismo: la de predicar que el capitalismo es el causante de todas las desgracias. No es que sea la panacea, pero caminando por Santa Cruz de la Sierra (Bolivia) los pasados días o por Asunción (Paraguay) ahora, me preguntaba a qué capitalismo se refiere, si al de Japón, Singapur, Suiza, Noruega, Estados Unidos, Alemania, Finlandia o al de Paraguay y Bolivia.

Porque en casi toda América Latina no impera el capitalismo sino un sistema que mezcla la corrupción y la avaricia. Ese que privilegia a grupos de poder nacionales y locales, que capturan el Estado para servirse de él. Que yo sepa, la alternativa al capitalismo es el socialismo de Chávez, que tiene a su riquísimo país sumido en la miseria, o el de las dictaduras comunistas de la hoz y el martillo, las que tumbaron los propios ciudadanos que las sufrían porque aplastaban sus libertades y privilegiaban a la casta comunista.

Por el contrario, millones de latinoamericanos han encontrado en la capitalista Estados Unidos las oportunidades y la movilidad social que no hallaron en sus países. Y no porque las transnacionales les chuparan la sangre, sino porque los corruptos y la desidia se tragan todo lo que las naciones producen.

Estoy cubriendo para El Mundo la visita del Papa en Bolivia y Paraguay, y escucho siempre lo mismo: que sus países son maravillosos, privilegiados por Dios y la naturaleza, pero carcomidos por los dirigentes corruptos.

Asistí a la reunión del Papa con los movimientos populares en Santa Cruz. Ante el Santo Padre, leyeron las conclusiones de un encuentro de varios días y sonaban a una lista de la compra que podría suscribir cualquier vendedor de ilusiones irrealizables, nada sesudas, similares a las de los famosos foros que organizó la ONU y otros para llevar propuestas a Cuba.

En su turno, el Papa se fue lanza en ristre contra el sistema capitalista, el consumismo desbordante y la despiadada manera de destrozar la naturaleza de los países ricos.

Nadie puede desconocer que al paso que vamos la Tierra no resiste, pero eché en falta mencionar que si está creciendo la economía del país de Evo, al que el Papa admira, al margen de buenas políticas como la de incluir a los indígenas, es debido a la explotación de sus recursos naturales y a que roban mucho menos en el gobierno nacional, aunque no en los locales. ¿No le contaron al Papa que el presidente Morales impulsa la construcción de una gigantesca central eléctrica para exportar energía y una carretera que atravesará un parque natural, pese a la férrea oposición de comunidades indígenas? Es más fácil disparar contra las naciones ricas.

Tampoco me impresionó el perdón por lo que hizo la Iglesia hace 500 años. Son tiempos distintos, no existían los DD. HH. a ningún lado del Atlántico, ni para blancos ni para indios.

No sé qué pensar. Me fascina su mano dura contra la contaminación, contra el consumismo, su limpieza de la Iglesia, pero no lo siento coherente siempre. Con perdón del Papa, al que profeso enorme respeto, yo quisiera que Bolivia fuera la capitalista y equitativa Alemania antes que la socialista y corrupta Venezuela.

Salud Hernández-Mora para eltiempo.com