Pilas con este robo

¿Cómo así que uno posee un predio y unos hampones lo invaden y la Policía no puede sacarlos?

¿Cuál es la seguridad jurídica de este país? ¿Cómo así que uno posee un predio y unos hampones lo invaden, montan un cambuche, lo reclaman como suyo y la Policía no puede sacarlos? Igual hacen con una casa o una tienda. ¿En qué queda el derecho de propiedad? ¿Por qué la Policía tiene las manos atadas? Las leyes son tan absurdas y los bandidos tan numerosos que uno está indefenso.

Vean esta historia real, que ocurre con más frecuencia de lo que pensamos. En Bogotá las bandas de ladrones de predios y casas se mueven sobre todo en Suba y en el centro, donde los barrios son más vulnerables por los negocios y viviendas antiguas, muchas desocupadas y pertenecientes a personas de edad. Pero lo mismo puede pasar en otras ciudades y pueblos.

3 de mayo pasado. Blanca Lidia Ortiz, dueña del predio de la carrera 5.ª n.° 22-61, a pocos metros de la torre Bacatá, acudió ese día a hacer aseo. Había sido siempre un parqueadero, pero dos años atrás se lo sellaron por una arbitrariedad y desde entonces permanecía vacío y cerrado.

Cuando la mujer iba llegando, se sorprendió al ver carros en su propiedad y un joven que dijo ser empleado. Preguntó qué hacía ahí y enseguida apareció el señor Gabriel Camilo Vergara Aristizábal. Sacó una copia de un contrato de arrendamiento en virtud del cual una tal Leidy Carolina Rondón Campos se lo alquiló por 3 millones de pesos mensuales. Al rato se presentaron unos compinches del bandido alegando ser los propietarios.

Sin dar crédito a lo que oía, la verdadera dueña avisó a sus hijas y a la Policía. Los agentes indicaron que le corresponde a la Fiscalía determinar si el contrato es falso o no, y solo pudieron cerrar el parqueadero por estar sellado. La ley no les deja hacer más.

4 de mayo. Una de las hijas de la dueña acudió con su esposo al parqueadero. Los hampones llegaron a los pocos minutos y los amenazaron con revólver para que se fueran. Alguien llamó a la Policía y la cosa no pasó a mayores.

Días sucesivos. En la alcaldía menor de Santa Fe tampoco cuentan con herramientas legales. No dudan de que se trata de una banda que se apodera de predios invadiéndolos y presentando en los tribunales un arsenal de pruebas, testigos y documentos falsos. “Pueden instalar una carpa, hacerse una foto varios días, y eso genera posesión”, informa un funcionario. Aconsejaron a la dueña mantener allegados en el predio de día y de noche para evitar que la banda volviera a meterse.

En la Oficina de Instrumentos Públicos hay casos similares. Pero no pueden hacer gran cosa; además, saben que allí mismo hay quienes ayudan a los bandidos. Recomendaron a la dueña sacar todas las semanas el certificado de tradición y la escritura pública puesto que como el caso terminará en juicio, podrá aportarlos para demostrar que el parqueadero es suyo. Esas bandas pagan abogados sin escrúpulos que conocen todos los vericuetos legales y a los empleados que falsifican documentos.

Ante el tsunami terrorista es un tema menor, pero hay otros problemas cotidianos como este y resulta increíble que la Policía y las alcaldías no tengan dientes para atajar a los bandidos y proteger la propiedad privada.

NOTA: otra de hampones. Felice Grimoldi, director general de Comfenalco Valle, y tres directivos de sus entrañas incrementaron su patrimonio con fondos de afiliados. Lógico que ese señor tenga esta máxima: “Yo creo en la ética y la moralidad, pero aterrizada y pragmática”.

Salud Hernández-Mora