Qué humillante, General

Esta semana me convertí a la religión de Julio César Turbay: reduzcamos las concesiones, las humillaciones, a sus justas proporciones. Ya no aspiro a que Santos y De la Calle se suban los pantalones, basta con que no se quiten los calzones.
Enviar a La Habana al jefe del Estado Mayor Conjunto de las Fuerzas Militares a sentarse frente a frente, en igualdad de condiciones, con unos asesinos cuya única legitimidad es el terror que genera su barbarie, es despreciar la Constitución, el honor y la vida de los soldados y policías.