El ‘calvario’ de los niños de Carmen de Bolívar

Carmen de Bolívar. La escuelita tiene un salón, una profesora, un pelotón de moscas y una veintena de niños. No hay agua, deben esperar que llueva para llenar el tanque que nadie limpia. Si no cae nada del cielo, pasan sed. Hambre siempre, diluvie o sea verano. Las raciones son tan raquíticas que no llenan sus estómagos, acostumbrados ya de por sí a las carencias.

La mayoría llega a pie al centro escolar de Caño Negro; algunos recorren largas distancias bajo un sol que derrite las ganas de estudio. Solo cinco lo hacen en un añoso bus Dodge, modelo 79, que cada mañana los transporta desde el Carmen de Bolívar.