El Mango (Cauca), el peor destino para un policía en Colombia

No existe peor destino para un policía. No solo por vivir las 24 horas escudado en las trincheras, sin un solo minuto de esparcimiento en la calle, esperando que en cualquier momento le lancen ‘tatucos’, cilindros o disparos de fusil o estalle una bomba. Sino porque es un proscrito en el pueblo; todos huyen de su lado en las esporádicas ocasiones en que patrulla, nunca le dirigen la palabra y menos le permiten entrar a una tienda. Y desde el alcalde hasta el último poblador, sea nativo o colono, se unen al coro que exige su salida inmediata, no por razones ideológicas o intereses de otra índole, sino por instinto de supervivencia.

“Aquí no hacen falta; no hay nada que cuidar: no hay banco ni ninguna sede estatal, ni alcaldía; tampoco peleas, ladrones o viciosos”, comenta un comerciante, en una queja que repiten sus convecinos de El Mango, un pobre y abandonado corregimiento de Argelia, en el suroccidente del Cauca, territorio del frente 60 de las Farc y que tiene en el cultivo de coca la principal fuente económica de sus 1.400 habitantes, de los cuales medio millar son menores. “Tampoco controlan lo que tiene que ver con la coca, porque no pueden hacer un solo retén, y la guerrilla pasa los cilindros por las barbas de ellos y ni se enteran. Entonces, ¿para que siguen? ¿Por capricho del Gobierno?”