El niño-bomba, una de las historias más atroces de la violencia

Si no se mete de polizonte, hoy su madre no tendría una sola foto para recordarlo. Justo un año antes morir, Heriberto abordó el barco que partía hacia Buenaventura sin que nadie lo viera. Llevaba a su inseparable hermano menor de la mano. Se escondieron hasta que estaban tan lejos de El Charco que ya no podían devolverlos.

“Cuando ya el barco iba afuera, me buscaron. Heriberto, o ‘Ñato’, como le decíamos, me dijo: ‘Mamita, también nos vinimos’. Pagué los pasajes. ¿Qué más podía hacer? No me los iba llevar porque es mucha plata, pero ellos querían conocer Cali. Y vea: gracias a eso es que tengo la fotico”.