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Columna

Felicitaciones, mi Ejército

Esos son los militares que nos enorgullecen. Mejor un bandido fugado y unos niños en el ICBF.

El mismo día en que la Corte Suprema absolvía a ‘Timochenko’ y a ‘Iván Márquez’ por el reclutamiento de 4 menores de edad, el Ejército liberaba a 8 niños y adolescentes integrantes de las Farc. Mientras para los magistrados no está probado que los capos mencionados tengan relación con el ingreso de niños a las filas subversivas, en la Colombia rural la guerrilla mantiene su imperecedera política de llevarse pequeños para engrosar su máquina destructiva.

Lo demostró la operación del Ejército contra ‘Porcelana’, una bestia que lleva un alias que no le pega y que lidera el frente 49. Ese 24 de abril, en lugar de combatir contra guerrilleros adultos, los militares debieron enfrentar un grupo de menores, armados hasta los dientes, en la vereda Buenos Aires, del municipio San José de Fragua (Caquetá). Pudieron darlos de baja porque les disparaban y la culpa solo sería de ‘Timochenko’ y ‘Márquez’ por ponerlos en primera línea de batalla. Pero los soldados, conmovidos por la corta edad de sus ‘enemigos’, dejaron que huyera ‘Porcelana’, el principal objetivo, y emprendieron un operativo humanitario para salvar a los niños.

No devolvieron sus disparos y fueron rodeándolos poco a poco hasta estar tan cerca que los pequeños podían escuchar sus súplicas para que dejaran los fusiles y se entregaran. Aunque en la guerrilla les aseguran que si se rinden el Ejército los masacra, depusieron las armas y levantaron los brazos. Estaban aterrorizados en su primer combate después del curso de adiestramiento donde les enseñaron a matar y minar los campos. También querían escapar de los abusos de sus superiores.

Los ocho menores, de entre 11 y 17 años, dejaron patente la inconsistencia del fallo de la Corte Suprema, así como otra avalancha de mentiras de los jefes de las Farc en Cuba.

En febrero pasado, ‘Iván Márquez’ aseguró que no es política de las Farc reclutar menores y prometió devolver a los que tuvieran en sus manos. Más tarde indicó que tras un barrido por sus frentes, solo hallaron a 13 por debajo de los 15 años. Todos ellos, agregó con idéntico cinismo, hijos de guerrilleros o niños que pidieron el ingreso huyendo de los paramilitares que habían asesinado a sus papás.

Para horror del ICBF, los menores rescatados tienen el virus del papiloma humano. Los guerrilleros adultos, en su ignorancia de la enfermedad, obligan a las niñas con ese virus a mantener relaciones por atrás y a practicar sexo oral. Es decir, los niños guerrilleros podrán contraer hasta cáncer de laringe.

Es evidente que contra lo que manifestó ‘Márquez’, y lo dicho por la Corte, es política sistemática de las Farc reclutar menores, crimen de lesa humanidad que no prescribe y que será su talón de Aquiles. En la actualidad tendrán unos 2.000 por debajo de 18 años y la Fiscalía tiene probado el reclutamiento de varios miles más. Existe tal avalancha de pruebas en computadores incautados, testimonios de desmovilizados, en fotos e historias de reporteros, que, pese a la Corte Suprema y a un proceso de paz con impunidad, ‘Timo’ y ‘Márquez’ no podrán escapar.

Lo que deja un buen sabor de boca es el comportamiento del Ejército en el citado operativo. Actuó con enorme profesionalidad y humanidad. Esos son los militares que nos representan y enorgullecen. Mejor un bandido fugado y unos niños en el ICBF.

P. D. Demos la mano a Nepal con Ayuda en Acción, ONG prestigiosa que está allá. Enwww.colombia.ayudaenaccion.orgencuentran cómo ayudar.

Salud Hernández-Mora para www.eltiempo.com

 

Columna

‘La estirpe Santos’

¿Cree Santos que ignorando a las víctimas de las Farc, tapará sus crímenes?

Por fin conseguí en España La estirpe Santos, escrito por un señor respetable. Lo sorprendente no es que hiciera el libro, tiene pasajes interesantes de los antepasados del mandatario. Lo llamativo es que una obra plagada de elogios, que incluso daría pena distribuir entre la propia familia por un mínimo de pudor, lo regalaran a personalidades extranjeras pensando que causaría una impresión favorable. Prueba indeleble del espíritu adulador y distante que reina en Palacio.

De otra manera, es incomprensible que el embajador Carrillo, por el que siento gran aprecio por causas que no vienen al caso, no advirtiera que es una apología de la Colombia de delfines y privilegios que debemos enterrar si queremos seguir algún día la estela de las naciones avanzadas.

Insisto en que el autor no merece ningún reproche. En ocasiones es agudo y en otras escribe sobre Santos con fervor sincero. “Siempre se ha esmerado por su pulcra e impecable presentación personal… Por sobre todo lo que se diga, ‘es un tipo buena gente’, como lo describen sus secretarias, sus peluqueros, su sastre, las empleadas del servicio y hasta don Carlos, el hombre que toda la vida lo ha atendido en el Country Club”.

El primer trabajo lo obtuvo como tantos hijos de personas influyentes: en una entidad pública, a dedo y sin credencial laboral alguna. A los 24 años ocupó un cargo de responsabilidad con los cafeteros en Londres, como es bien sabido, y el muchacho aprovechó para sacarse una maestría. Tal vez le faltaba dinero extra o se aburría o quería ir a cocteles, el caso es que otro amigo le dio también el puesto de segundo secretario de la embajada.

Lo que resulta habitual en Colombia, donde proliferan los ministros y los viceministros imberbes a los que les exigen menos que al portero del ministerio, resulta bochornoso al otro lado del Atlántico. Si lo hacen, lo disimulan. A nadie se le ocurriría alardear de prerrogativas en un libro de regalo.

Lleva por subtítulo ‘De la libertad de la patria a la paz’. Es acertado porque a Santos le importa cero si ‘Timochenko’ paga cárcel o si nunca encuentran a los abuelos Angulo, que llevan 14 años desaparecidos después de que gente de ‘Romaña’ los secuestrara, degollara y enterrara en un paraje desconocido. Para él, esas son minucias de mentes reducidas que no aprecian la grandeza de su estirpe, la que él coronará con el Premio Nobel. Aunque ahora que la centroderecha se ha tomado la entidad que organiza el galardón, quizá se le complique si, como conocemos y publicó Plinio Mendoza, así le fastidie al Presidente, imperará la impunidad absoluta. Lo cacarean a diario las Farc en Cuba y son ellos, y no Santos, los que mandan en el proceso.

Como vive en su Olimpo, el Presidente aún no se entera de que es necesario imponer justicia con cárcel. Hay víctimas de los ‘paras’ que no quedaron satisfechas con los 8 años de prisión de los mandos medios en Colombia y los más de 20 que cumplen los jefes en EE. UU.

Y qué decir de los que aún claman justicia. Los hijos de Cristina López, extraordinaria mujer asesinada en Curumaní en el 2003 por ‘paracos’, esperan que los presuntos autores intelectuales –el alcalde Henry Chacón y el excongresista Miguel Durán– sean capturados y juzgados. Luchan a riesgo de sus vidas por lograrlo.

¿Cree Santos que ignorando a las víctimas de las Farc, como hicieron el jueves, tapará sus crímenes y conseguirá que el país perdone a quienes ni siquiera piden perdón? Debo leer el libro con más pasión a ver si me convierto.

Salud Hernández-Mora para www.eltiempo.com

Crónica

‘Perdimos a papá; queremos que Paula vuelva’: familia víctima de Farc

Hermanos de ganadera desaparecida en octubre están deshechos. Salud Hernández le siguió el rastro.

‘Pablo Catatumbo’ no conoce a Paula Ortegón. Tampoco sabía quién era José Marino, su padre, cuando la familia le rogó que los ayudara a localizarlo. Llevaba dos años y tres meses secuestrado, y las Farc no lo liberaban pese a haber cobrado el rescate.

Corría el año 1999 y ‘Catatumbo’, recién llegado a la región, descubrió que estaba muerto. Le pareció un error quitarle la vida en cautiverio a un nativo de la zona, entregado al trabajo y a los suyos. Ubicó la fosa y en el 2001 los familiares pudieron desenterrar los restos para sepultarlo en un cementerio.

Han pasado tres lustros y el comandante del Bloque Occidental ha vuelto a escuchar el clamor desesperado de los Ortegón. Necesitan encontrar a la hija de aquel hombre. Y en la zona las Farc ejercen control absoluto; es un corredor estratégico entre el Valle del Cauca y Tolima.

Paula, 36 años, soltera, amante de las montañas andinas, de las laderas boscosas y los espacios infinitos, del ganado y la vida campesina, desapareció el miércoles 22 de octubre del 2014 sin dejar rastro. Acababa de bajarse de la última chiva que, desde Palmira, conduce al pequeño corregimiento de Tenerife, jurisdicción de El Cerrito, Valle del Cauca.

Eran las ocho de una noche gélida y lluviosa, cuando el vehículo parqueó junto a la cancha cubierta de la localidad. Varias personas fueron testigos de que la recogió en su moto Fernando Piña, mayordomo de El Vergel, la hacienda que Paula heredó junto a sus tres hermanos cuando falleció el progenitor. Pero la población de unas 2.000 almas, dedicada al cultivo de cebolla larga, que no cuenta con residencias ni restaurantes, enseguida quedó desierta y nadie supo qué rumbo tomaron.

“Es muy berraco que lo señalen a uno de lo ocurrido”, me dice, desviando la mirada. “Somos inocentes de todo lo que está hablando la gente por ahí”, recalca con firmeza su compañera, Luz Enith.Por ser el último que estuvo con ella y colaborar con la guerrilla, a Piña aún le tiembla la voz cuando le pregunto por los pasos que dio ese día. Se le nota angustiado, y no es para menos. En el pueblo lo consideran el principal sospechoso de la desaparición de su patrona y es consciente de que un miembro del Secretariado de las Farc le respira desde Cuba en la nuca.

“Yo estaba en el pueblo porque había ido a llevar en mi moto al trabajador de otra finca y ella me pidió que la esperara, que llegaba en la última chiva. Cuando llegó, solo habló conmigo un momento para decirme que le negociara unas vacas. Se despidió porque alguien la estaba esperando para ir en moto a Augí, adonde otra finca que ella administra”, rememora Piña. “No sé qué se hizo”.

Finca El Vergel. Por ella murió el papá de Paula y por ella desaparecieron a la mujer.  Salud Hernández-Mora

Finca El Vergel. Por ella murió el papá de Paula y por ella desaparecieron a la mujer. Salud Hernández-Mora


Conversamos en El Vergel, en el amplio corredor donde Paula se sentía feliz. Tras la muerte de su papá, fue la única hija que se empeñó en mantener a flote la hacienda de sus ancestros, enclavada en una ladera de la Cordillera Central y en el borde de una trocha que conduce del casco urbano de Tenerife, a una media hora de distancia, hasta Buga.

Unos años se instaló en la propiedad, bregando de sol a sol como una labriega, hasta que su mamá cayó enferma de un cáncer terminal y volvió a la casa familiar de Palmira para acompañarla. Murió en el 2013, pero Paula optó por seguir viviendo en dicho centro urbano con su hermana Angélica y alternar el trabajo en un almacén de bisutería con estancias esporádicas de cuatro o cinco días en El Vergel. En mayo recibió mensajes intimidantes para que dejara la finca, pero no les hizo caso.

Armar el rompecabezas de aquel 22 de octubre no es sencillo. En Tenerife ya nadie quiere recordar.

Silencio

“Comprenda que es peligroso hablar porque ella desapareció en Tenerife, no en otro lugar”, me dice un habitante del corregimiento. “Vivimos en una zozobra muy horrible con eso que pasó”.

Al principio fue más fácil conseguir testimonios de quienes viajaron con ella, quizá porque pensaban en el pueblo que Paula aparecería en cualquier momento. Con el transcurrir de las semanas sin noticias suyas y con la certeza de que hay milicianos involucrados en los hechos, se fue imponiendo la ley del silencio. De ahí el relato de lo sucedido sea aún muy vago.

Paula acostumbraba a subir a El Vergel en una de las dos lecheras que salen de Palmira cada madrugada para recoger la producción del día en todas las fincas ganaderas. Pero el 22 decidió abordar la chiva de las cinco de la tarde que suele llegar a las ocho a Tenerife.

Quienes viajaron con ella se sorprendieron de verla a esas horas. Los calmó asegurando que Fernando Piña la esperaba. Dado que por su trabajo en el almacén contaba con poco tiempo para la finca, supusieron que querría aprovechar al máximo su estancia y estar presente en el ordeño de la madrugada.

Chateó con sus dos hermanas y unas amigas durante el trayecto. Sus mensajes reflejaban su habitual carácter alegre y dicharachero. A sus hermanas, siempre inquietas por sus desplazamientos, dada la fuerte presencia de la guerrilla y la ausencia de Policía y Ejército en el territorio, las engañó. Sobre las 6:30 p. m. envió un mensaje anunciando que ya se encontraba en El Vergel y ellas quedaron tranquilas.

En la breve parada que la chiva hizo en Augí, a Paula la esperaba el encargado de una finca situada en esa localidad, donde ella presta asesorías. Le entregó un medicamento que requería, conversaron un momento, se despidieron y ella siguió en el vehículo. Una vez en Tenerife, se encontró con su mayordomo, Fernando Piña. Después, su rastro se evaporó.

Milicianos

A unos quince minutos de El Vergel se encuentra Juntas, una inmensa hacienda en la que ‘Caliche’, poderoso miliciano y hermano de Luz Enith, es mayordomo desde hace un cuarto de siglo. Nada de lo que ocurre en el área escapa de su control.

“Por aquí no ha venido; como que se perdió”, responde con sonrisa socarrona al preguntarle por Paula Ortegón. “De pronto se fue con un novio a España para que la familia no se entere”, añade con el desparpajo y la insolencia de quien se sabe temido.

Un finquero que está a su lado interviene. “La desaparición de Paula es mala para la región. Nos tienen señalados, es incómodo. Cuando eso ocurrió, le dijimos a los trabajadores: si son responsables, se pierden. Si son inocentes, vayan a la Fiscalía, y eso hicieron. Aquí no está el culpable, pero necesitamos que ella aparezca para acabar con los rumores”.

Fernando Piña fue el único que acató la propuesta y se presentó en la Fiscalía de Palmira. Le formularon preguntas sencillas y lo dejaron ir. Más tarde trasladaron el expediente a la Fiscalía 15 Especializada de Cali, que aún no se ha desplazado a Tenerife para buscar testigos e interrogar a los sospechosos.

Quien envió una comisión fue Pablo ‘Catatumbo’. El pasado 24 de diciembre arribó un grupo perteneciente a la Columna móvil Víctor Saavedra, procedente del Cauca, bajo el mando de alias el Cojo.

En un recodo del camino, solo transitado por quienes cuentan con el permiso de ‘Caliche’ y otros milicianos, y a pocos metros de El Vergel, convocaron a los capataces y empleados de las fincas. Una vez reunidos, le preguntaron a Piña y al resto por lo sucedido. “Digan de una vez si saben algo, para que luego no vayan diciendo huevonadas”, advirtieron. El mayordomo repitió lo mismo que dijo a este diario y el resto de asistentes guardó silencio. El comandante despachó rápido el caso de Paula, dando por buenas las versiones, y dedicó el resto del encuentro a contar su visión del proceso de paz. Un par de horas más tarde se fueron. Desde entonces no han vuelto.

Tras la desaparición de Paula, varios propietarios de fincas recibieron mensajes amenazantes y abandonaron sus tierras, al igual que un ganadero vecino de El Vergel. Lo visitaron unos encapuchados para advertirle que lo matarían si no se marchaba.

Fernando Piña asegura que él también recibió una amenaza escrita vía celular, el 24 de diciembre: “Malditos acecinos (sic) ladrones de ganado. Voy por vox, tus cuñados y todos esos ijuoputas (sic)”.

“Fernando y yo somos nacidos y criados en la región, pero nos toca irnos donde encontremos otro trabajo”, explica Luz Enith. “El único hermano varón de Paula quedó al cargo de la finca y no viene, únicamente llama por celular. Ya no manda a limpiar un potrero, arreglar una cerca, como hacía ella, y así no se puede. Pero no estamos huyendo, siempre vamos a estar disponibles para responder”. Aunque ella muestra serenidad y aplomo, son muchas las inconsistencias en los testimonios de su compañero, que deberá aclarar.

En Tenerife y las aldeas aledañas, aparte de compadecerse por el infortunio de los Ortegón, temen que retorne la violencia que arrasó sus existencias apacibles en los noventa y principios de este siglo. Solo en el 2005 recobraron la calma y regresaron muchos de los que se habían desplazado.

“La violencia empezó igual, con una desaparición, un asesinato. Se fue creciendo hasta volverse espantoso. Uno veía muertos en los caminos y no dejaban recogerlos”, rememora una mujer. “Ahora podría ser lo mismo. Lo que le pasó a Paula tira por tierra muchas ilusiones. Volvimos a empezar pensando que se podían tener sueños. Pero este mazazo rompe todo”.

En Palmira, los tres hermanos de Paula están deshechos. Mantienen viva la esperanza de recobrarla pronto, pero los desespera la indiferencia de las autoridades. “Ya perdimos a mi papá; necesitamos que Paula regrese”.

Texto y fotos:
SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO

 

Columna

Tiros de gracia

Como los cinco soldados asesinados con tiros de gracia ya son prehistoria para este gobierno, querrán que hagamos la ola a las Farc por liberar al soldado que se salvó de la matanza y fue secuestrado. Además, al ser masacrados horas antes de la tregua y no durante la misma, no ensombrecieron ni por un instante los festejos de los amigos de la paz en honor a la decisión de las Farc de dejar de asesinar inocentes hasta que les dé la real gana.

Columna

Les importan un pimiento

Han contado tantas mentiras que es imposible taparlas. Como vendieron al país la falsedad de que las Farc reconocían a sus víctimas, se desconcertaron cuando ‘Timochenko’ dijo esta semana la única verdad: les importan un pimiento. “No nos arrepentimos ni siquiera por un instante de lo hecho y jamás vamos a hacerlo”, declaró rotundo el capo di capi.