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Columna

Semana de infamias

Hay muchas Jineth y Natalias que pelean por los derechos de las víctimas. No tiren la toalla.

Dios mío, cuida siempre a Daniela. Espero que hoy domingo esté ya libre, con sus padres (escribo el viernes). Secuestrar a una niña, someterla a una tortura semejante, es una infamia. Que Dios los perdone; yo no podría.

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Esta carta es para Jineth, aunque empecé con Daniela. Ayer me decías que estabas destrozada por la indiferencia de una fiscal que prefirió creer a un criminal antes que a su víctima.

Tú eres fuerte y tienes la suerte de contar con muchas tribunas para elevar tu voz de protesta. Lejos de entristecerte, piensa que es otra oportunidad que te da la vida para luchar con más fuerza. Si tú no lo haces, ¿quién tomará el relevo?

Hay muchas mujeres que ven en ti su único apoyo. Has demostrado lo valiente que eres, igual que tu madre. Sigue adelante; la gente chiquita, la corrupción, la ineptitud no pueden detenerte. Es el pan nuestro de cada día en este país donde la arbitrariedad judicial y la impunidad son la norma.

Mira a Natalia Ponce luchar con fuerza, y eso que a ella su vida se la truncaron. Ya has ganado, metan o no a ese violador a la cárcel. Ya has logrado que otras mujeres sientan fuerzas para dar la cara y denunciar, para saber que una violación no es culpa de la víctima.

Y ahora, aunque seas la damnificada, pones de manifiesto la falta de justicia en casos flagrantes. ¿Por qué crees que la Policía en Bogotá ha tenido que proteger a 600 delincuentes para que no los linchen? Porque la gente siente que no hay justicia, esa que el Fiscal General desprecia. La justicia que él llama punitiva y que consiste en que si la haces, la pagas con cárcel.

Sí, claro que esta sociedad es inequitativa y que hay mucho joven y adulto sin oportunidades. Pero es precisamente en los barrios más abandonados, los más deprimidos, donde suelen recurrir a los linchamientos. Porque un ladrón les roba lo que les cuesta un mundo conseguir, porque están hartos de matarse trabajando de manera decente en un semáforo, porque no soportan más que los ladrones que un día agarran jugándose la vida, al día siguiente sigan en las calles.

¿Y qué decir de los violadores? El que violó y asesinó a una adolescente de 15 años se libró de milagro de la furia de la turba. ¿Se los puede culpar? Yo deploro esos ataques, pero los comprendo. Solo pensar lo que le hizo a la niña y tener la duda de si recibirá su castigo es motivo suficiente para despertar la ira colectiva. Mañana, pensará más de uno, puede ser mi niña.

El Congreso, que esta semana se vanagloriaba de ese engendro del equilibrio, debería pellizcarse y saber que no han hecho nada ni por Jineth ni por evitar los linchamientos, que no dejan de ser una salvajada. La justicia seguirá siendo lenta, ineficaz y con altísimos grados de impunidad porque la reforma constitucional que hicieron en nada beneficia al ciudadano de a pie.

Hay muchos jueces y fiscales que dejan el alma en su trabajo, y muchas Jineth y Natalias que pelean por los derechos de las víctimas. No tiren la toalla. Que no les ganen los Montealegre de turno, que solo intervienen cuando los arrasa la ola mediática.

NOTA. ¿No les avergüenza a la cúpula policial y al Ministro de Defensa ver a sus policías durmiendo en la calle en Las Mercedes? ¿Cómo pretenden que los respete la ciudadanía si ellos los tratan a las patadas?

Salud Hernández-Mora