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Crónica

‘Quisiera que mi hijo estuviera en la cárcel’: mamá de ‘Otoniel’

Ana Celsa David es la mamá del narco más buscado del país y dice que no ve a su hijo hace 4 años.

No es fácil dar con ella. En la diminuta vereda de calles polvorientas donde reside, del municipio de Chigorodó, desvían la mirada y no pronuncian palabra en cuanto pregunto por su casa. O aseguran que hace meses dejó la población. Cuando por fin la localizo y acepta la entrevista, una vecina se asoma para comprar huevos. Le vende una docena por 4.800 pesos.

Asegura que vivir en el campo y comerciar sus gallinas, marranos, arroz, ganado es lo que ha hecho casi toda su vida con su esposo, Juan de Dios Úsuga, con quien lleva 57 años casada.

Ana Celsa David, la mamá de ‘Otoniel’ Úsuga, el séptimo de sus nueve hijos, jefe supremo de ‘los Urabeños’, por el que ofrecen cinco millones de dólares, es una mujer reservada, amable, de pocas palabras.

¿Cómo era ‘Otoniel’ de niño?

Tímido, casi no iba a estudiar porque le daba pena entrar. Perdió como tres años por esa timidez, porque bobo no es.

Y era muy callado y todavía lo es.

¿En qué momento se torció?

Cuando se volvió un hombre de 18 años. En esa tierra había tantos grupos y el pelao quería buscar algo por ahí, le parecía que le iba mejor que en la casa. Si no hubiéramos vivido en una zona tan violenta (Nueva Antioquia) habría sido otro. Pero en una tierra de esas, eso era así.

Empezó en el Epl…

Sí. Cuando tenía 18 se pegó las primeras borracheras y se iba con esa gente a tomar a las cantinas. Ahí les echan el cuento y el cuento y el cuento, hasta que ellos les calan.

¿Era de ideas revolucionarias o se unió a ellos porque era lo que había?

No era revolucionario, era lo que había y se fue con ellos.

¿Y usted a sufrir?

Sí, a sufrir y a llorar. Y se fueron dos, no se fue uno solo, también el otro que se murió (Juan de Dios, alias Giovanni, en un operativo policial).

¿Qué les decía usted cuando todavía eran jóvenes?

Yo lo que hacía era llorar y llorar y decirles las cosas, pero los muchachos no hacen caso. Están con sus amigos, son los que cuentan, a los que escuchan; a mí, no.

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Juan de Dios Úsuga, el padre de ‘Otoniel’, lleva casado 57 años con Ana Celsa.

Cuando se pasaron a los paramilitares, ¿qué les dijo? ¿Peor aún?

No les dije nada porque uno no se daba cuenta. Uno en la casa y ellos por allá, uno no sabe ni dónde. Después, cuando se entregaron (las Auc), surgieron otros problemas, unos para la cárcel, otros los mataban. Y a uno cuando lo llevan apurado tiene que coger el monte para favorecerse. Y uno ¿qué va a hacer como mamá?, siempre es su hijo. Orar por él todos los días

¿Usted es católica, cristiana, evangélica…?

Yo soy evangélica pentecostal.

Con lo cual que reza más…

Más, ahí es donde oramos de verdad, día y noche y nos alejamos de todo lo malo.

¿Y por qué el de arriba no la escucha?

Sí me escucha, si no ya se hubiera muerto.

¿Qué pensó cuando el Presidente bautizó a ‘los Urabeños’ como ‘clan Úsuga’?

Eso es duro. Ya todo el que sea Úsuga es malo. Y eso no es así, porque Úsugas hay a montones. Y ahora que eso lo hacen ‘los Úsuga’, que es de ‘los Úsuga’. ¿Y la guerrilla, y otros y otros? Y es que le tienen unas críticas, que viola niñas, que viola niños, tantísimas cosas.

La gente asegura que le gustan las niñas de 14, de 13…

Montajes. Eso no es así, es muy feo todas esas cosas que dicen, pero no es así, antes hace favores a la gente, les hace casas, carreteras, ayuda a los enfermos. ¿Usted cree que si lo odiaran estaría por ahí? Lo habrían entregado o se habría muerto.

¿Debe ser duro que el hombre más buscado de Colombia sea su hijo?

Es un sufrimiento muy grande. Uno cría a los hijos ¿y cuándo va a querer que un hijo se vaya buscando la maldad?

Uno no quiere siquiera que se vaya a tomar una cerveza, quiere que estén con uno en la casa trabajando. Y esos muchachos trabajaron, trabajaron, porque el papá los enseñó a trabajar. No era que fueran bandoleritos que estaban por ahí buscando cositas para coger. Nosotros fuimos gente trabajadora toda la vida.

Pregunten donde haigamos (sic) vivido. Y esos muchachos fueron así también, pero entonces como habían (sic) esos grupos. Si no hubiera habido (sic) esos grupos, no estarían ahí metidos.

Yo quisiera que se hubieran ido mejor con el Ejército a pagar servicio y a vivir por allá bien bueno, pero como cogieron para el monte, ya después para volver no los aceptan.

¿Qué se le vino a la mente cuando supo que emprendieron una cacería con más de mil hombres?

Si Dios no quiere, no le encuentran en ninguna parte. Es el único que todo lo puede. Si Dios dice que le llegó la hora, pues ahí mismo. Ni un minuto antes se muere uno.

Yo tuve nueve hijos y me falta uno. En el cementerio está mi niño y ese día él no estaba en la maldad, estaba celebrando fiestas con toda su familia, con todos nosotros, y con gente que trabajaba con él en fincas.

Ahí no había sino mujeres y niños, fue un milagro que no pasara nada más con todo ese aparatero por encima, disparando a todo.

Lo de él lo tengo fresquito todos los santos días, pero el único que le da fuerzas a uno es Dios. Porque si no, uno se moría.

Pero mi hijo está fregado, eso lo sabe usted, no tiene escapatoria. Y él lo sabe, pero Dios es el único que lo guarda, yo lo digo todos los santos días. Y es que Dios no vino por los buenos sino a por los malos. Él vino a hablarle a los pecadores; a los justos, no.

Pues hay quienes dicen que mejor lo maten a que lo agarren…

Es mejor estar vivo que muerto. Yo quisiera que mi hijo estuviera en la cárcel, estaría más seguro y se podría arrepentir e irse al cielo. Y no así, en carrera, eso es duro. Es que uno cuando se arrepiente ya vive pegado de Dios.

¿Usted le pide a Dios que perdone a ‘Otoniel’?

Todos los santos días. Y no solo a él, sino a toda la gente. Hay que pedir es por todos, que todos somos iguales. Si no nos arrepentimos, vamos a la misma parte. Si nos arrepentimos, podemos ser el malo más malo que sea y Dios lo perdona, pero si no busca a Dios…

¿No cree usted que hay unos que son mucho más malos que otros?

Sí hay, pero si no te arrepientes, vas a la misma parte. Así lo dice la Biblia.

Cuando ve una foto con la recompensa de 5 millones de dólares por su cabeza, ¿qué piensa?

Que ofrezcan todo lo que quieran porque Dios es el único que todo lo puede.

Hace doce años nadie hablaba en esta vereda porque mandaba el ‘Alemán’; ahora tampoco hablan porque manda ‘Otoniel’.

¿Algún día veremos un fin?

Eso no se sabe. ¿Cuándo van a acabar la guerra? Nunca en la vida, cuando Dios quiera se acaba todo (y recalca las palabras). Porque vea, pueden acabar con el hijo mío y resultan diez y veinte más. Eso no se acaba. Y la droga se la están logrando todos, nadie la acaba, todos se la andan cogiendo, no queda por ahí escondida. Y la plata esa, que es mala, no la andan quemando, esa la guardan.

¿Cada cuánto ve a ‘Otoniel’?

Hace tres o cuatro años que no voy. Desde que murió el niño mío, porque uno queda ya con miedo. Porque uno va a visitar allá y todo el mundo se da cuenta y dicen, va para allá, y van donde el hijo. Por eso no lo visito.

¿Hablarán por teléfono alguna vez?

Tampoco.

Le manda cartas…

Tampoco me manda cartas

¿Lo que sabe es por lo que le cuentan?

La gente que dice: está bien.

Y sigue rezando…

Sigo rezando porque ¿qué más? Sigo pidiéndole a Dios, porque es el que nos guarda y nos cuida.
Pero uno ¿qué hace, pues, para cambiar las cosas? Solamente puede hacerlo Dios.

También los hombres…

Pero cuantas veces quisiera que los hijos de uno fueran de verdad. Yo quisiera que mis hijos todos fueran evangélicos, que pasaran en la iglesia conmigo, pero si uno no es el que gobierna a nadie, es como el Presidente. La gente no le obedece todo lo que dice, los meros que tiene allá. Y es que él (‘Otoniel’) no es solo el malo, hay muchísima gente peor que él.

La mamá del duro ‘Otoniel’ vende huevos a 400 pesos…

No vivo como reina ni quiero vivir como reina, solo quiero vivir allá, en el cielo, no necesito orgullo ni necesito nada. Pero yo sí quiero que en Colombia haiga (sic) paz. Vivimos orando por la paz.

¿Están en pleitos porque les incautaron sus propiedades?

Nos lo tienen todo congelado, pero el viejo tiene 79 años y trabaja desde los 20. Entonces, ¿cómo no va tener fincas?

Me bloquearon una casita en Carepa que hice con marranitos, no nos pueden pagar el arriendo a nosotros sino a ellos.

Unas fincas las compró desde el 64 y la que compró en el 2008 él va a demostrar que es de él. Son cosas que uno consiguió trabajando.

Uno tiene muchos testigos de que no ha hecho sino trabajar en esta vida para comprar sus cositas para que vengan ellos a decir que nos lo dio el hijo. Eso no es así.

¿Cuándo Urabá será tranquilo?

Pero si en toda parte hay eso; eso no es nada más en Urabá.

Salud Hernández-Mora
Especial para EL TIEMPO

Crónica

La difícil cacería a ‘Inglaterra’ en el Urabá antioqueño

La persecución de este ‘ex-Auc’, ha sido tan ardua como el rescate de los restos del helicóptero.

“Él es consciente de que un día puede caer en manos de la Policía, pero dice que ni se va de esta región porque la gente lo protege y la conoce como la palma de su mano, ni se dejará coger como si nada. Dará la pelea”, asegura un conocido de Luis Orlando Padierna Peña, alias Inglaterra.

Los 16 policías que murieron cuando se precipitó a tierra el Black Hawk en el que se desplazaban para ir en busca de este hombre, el pasado 4 de agosto, lo convirtieron en el segundo capo más buscado del país en estos momentos, solo por detrás de su jefe, Darío Antonio Úsuga, alias Otoniel.

Piezas del helicóptero de la Policía Nacional, caído en el Urabá antioqueño, son recogidas para la investigación. / Foto: Salud Hernández-Mora

Piezas del helicóptero de la Policía Nacional, caído en el Urabá antioqueño, son recogidas para la investigación. / Foto: Salud Hernández-Mora

Narcotraficante de vieja data y exparamilitar, ‘Inglaterra’, de 36 años, se esconde en algún lugar de la serranía de Abibe, a la que se puede acceder por Carepa, en el Urabá antiqueño.

Lleva solo año y medio a la cabeza del poderoso Bloque ‘Carlos Vázquez’ de las Autodefensas Gaitanistas de Colombia, como ellos prefieren denominarse, aunque siempre se le ha conocido por el gentilicio de la región donde nació y sigue siendo el corazón de la ‘bacrim’ más poderosa del país: ‘los Urabeños’.

El presidente Santos los rebautizó ‘clan Úsuga’, con el apellido de su actual cabecilla, si bien en la zona nadie los llama así y tampoco es la banda de dicha familia. (Lea también: Estos son los 17 integrantes del ‘clan Úsuga’ con procesos en EE. UU.)

‘Inglaterra’ es natural de Piedras Blancas, un corregimiento pobre, pequeño y destartalado, olvidado por los gobernantes locales, pese a encontrarse a solo 11 kilómetros de Carepa, su cabecera municipal. Ingresó joven a las Auc y, después de la desmovilización en el 2006, prefirió incorporarse a ‘los Urabeños’ de la mano de ‘don Mario’, hoy preso.

Padre de cuatro hijos de uniones diferentes, está casado con una mujer que reside en Carepa y regenta una carnicería. La abordé dos veces, pero no quiso hablar aduciendo, muy molesta, que ella no era la persona que buscaba.

Hombre disciplinado y rígido, del ala más militar del mencionado grupo criminal, dispone de unos 120 hombres en armas y le gusta rodearse de una escolta de unos veinte efectivos.

No será fácil atraparlo, no solo porque ha recorrido la zona donde se mueve desde niño, sino porque los pobladores lo apoyan, como constaté en la semana que recorrí la región.

“Si viene a mi casa, yo lo escondo. Ese señor cuida de nosotros”, asegura una mujer de Piedras Blancas. “Él y su familia son de la región, son de campo, todo el mundo los conoce”, agrega otro labriego que tiene finca en el área donde ocurrió la catástrofe aérea.

“¿Para qué vienen a molestarlo si él no molesta a nadie? Es buena persona, no estaba extorsionando, esto era un paraíso. Si estuviera jodiendo, la gente misma lo había entregado al Ejército. Pero cuida la región. Anteriormente había mucha guerrilla, el 5.º frente, y con él se acabó. Lo que el campesino consiga ahora es para él, no para esos sinvergüenzas que estaban jodiendo”, agrega un nativo.

“Aquí ellos ponen orden. Piedras Blancas es el pueblo más sano de Colombia. Si alguien la embarra, le dan hasta tres, cuatro oportunidades. Luego le dicen que se pierda y, si es grave, lo pelan”, opina otro más.

Lo que a nadie le interesa es “esta calentura después de lo del helicóptero”, según manifiesta un comerciante de Piedras Blancas. “Nos estigmatiza a los que vivimos acá, nos crea problemas”. (Lea también: Con nueva tragedia aérea van 35 uniformados muertos en aeronaves)

El helicóptero

Del centro urbano de Piedras Blancas al lugar donde cayó el Black Hawk el 4 de agosto hay seis horas a pie. Las trochas, muchas invisibles para el ojo urbanista, atraviesan selvas y potreros entre montes boscosos de cimas onduladas. Son parajes solitarios, se divisan pocos ranchos, todos de madera y de condiciones precarias, que quedaron deshabitados en su mayoría tras el siniestro aéreo. Los campesinos los abandonaron a las carreras por temor a enfrentamientos armados entre los hombres de ‘Inglaterra’ y la Policía Nacional.

El que habitaba la niña Dianey Andrea, de 3 años, que resultó herida leve por esquirlas de bala, y que se encuentra ahora vacía, es especialmente mísera. Cuando pasé con los dos campesinos que me acompañaban, solo había gallinas revoloteando y ropa revuelta en la única pieza donde había una cama.

Hallamos vainillas de los disparos que efectuaron los Jungla, desplegados por el área para preparar el asalto a ‘Inglaterra’. Según el relato que me hizo unos días más tarde en Carepa el papá de la niña, Oraime Úsuga, de 31 años, se encontraba en la finca que administra con sus dos hijos, una sobrina, su esposa y la suegra. El lunes 3 de agosto en la noche se presentaron tres “civiles que no conocía” –aunque en esos montes solitarios solo caminan campesinos de la zona y ‘urabeños’–, y le pidieron posada. Con la irrupción de los agentes a la mañana siguiente, se produjo un intercambio de disparos. La policía detuvo al trío y lo sacaron con la familia en helicóptero. La niña pasó nueve días hospitalizada y ya se encuentra recuperada.

Después de dejar el rancho de Oraime, aún hay que caminar más de media hora y cruzar una quebrada de grandes piedras blancas hasta dar con los restos del Black Hawk. Al llegar, un equipo especializado de la Policía, custodiado por unidades del Emcar, recogía las últimas piezas para transportarlas por aire desde un helipuerto improvisado.

En recuerdo de los policías fallecidos, junto al amasijo de fragmentos carbonizados, hay clavada una sencilla cruz de palo, coronada por un casco y la tapa de una caja de munición donde están escritos los nombres de los dieciséis. Pese a que habían transcurrido ocho días de la tragedia cuando arribé, algunos lluviosos, aún olía a cadáver. “La escena ha cambiado, fue necesario cortar árboles para recuperar los cuerpos y después las partes del helicóptero”, explica un suboficial. A simple vista, el aparato cayó al pie de la ladera, tapizada de árboles altos y espigados.

El dueño del único rancho cercano, un campesino joven de familia conocida en Piedras Blancas, sigue en su hogar, con su esposa y dos familiares, al cuidado de las pocas cabezas de ganado que posee. Ni ellos ni su rancho sufrieron daños.

Dice que no vieron el momento en que el aparato se precipitó a tierra porque en cuanto escucharon disparos, cada cual buscó refugio donde pudo. “Solo pensábamos en protegernos de las balas”, afirma. “Tumbaron el helicóptero porque dio papaya volando demasiado bajo”, sentencia un lugareño que vio pasar el Black Hawk desde un filo, minutos antes de que cayera. Las causas del hecho aún son desconocidas.

El líder indígena Avelino Carupia, en cuyo resguardo Polines ocurrió el incidente, me había dicho en Carepa que en su comunidad, algo alejada del sitio del siniestro, “se escuchó un rafagazo y luego explotó el avión. Pero certificar que fue derribado, imposible, no somos expertos de ninguna clase”.

‘Otoniel’

Si cazar a ‘Inglaterra’ se antoja una misión compleja, no lo es menos capturar a ‘Otoniel’. También los lugareños en su área de influencia –Necoclí, Nueva Antioquia, Currulao etc.– le brindan apoyo, pero dada la asfixiante presión de Argamenón, lanzada el 20 de febrero, se ha trasladado al Urabá chocoano para que lo proteja alias Manteco, del 5.° frente de las Farc. Le estaría pagando por su apoyo en una de esas extrañas alianzas que sellan los distintos grupos que tienen en el narcotráfico su principal fuente de ingresos. (Lea también: En persecución de ‘Otoniel’, Policía ha invertido $ 2.300 millones)

Los 1.200 efectivos de la Policía Nacional desplazados a Urabá para desarrollar la Argamenón saben que esa batalla la librarán solos. Además de la nula colaboración ciudadana, no pueden apoyarse en las autoridades locales. Una parte están compradas e infiltradas por ‘los Urabeños’ y otra prefiere no actuar por temor a sufrir represalias.

En Nueva Antioquia, población de calles polvorientas, donde vino al mundo ‘Otoniel’ y a donde se accede por una carretera destapada que parte de Currulao, es casi imposible arrancar una palabra sobre él a los pobladores. En cuanto pronuncio su nombre, cierran la boca y desvían la mirada. Solo una persona se atreve a decir de pasada: “Sería mejor que no lo maten porque viviremos una guerra entre los que quieran ocupar su lugar”.

‘Otoniel’ y sus lugartenientes han montado una tupida red de informantes que detallan cada movimiento de Argamenón.Decenas de taxis y mototaxis cubren los cascos urbanos y en la zona rural establecieron los llamados ‘puntos’, con vigilantes.

“Es una labor de persistencia”, indica el general Luis Eduardo Martínez, director del Cuerpo de Carabineros, el que más hombres ha puesto en el terreno y que trabaja de la mano de la Dijín. “Poco a poco hemos ido dándoles golpes y ya los cabecillas no viven tranquilos, están enmontados”. (Vea aquí: La casa en donde se escondía el capo más buscado del país)

Una de las primeras acciones fue copar ‘puntos’ más estratégicos sobre los cerros, donde ‘los Urabeños’ mantienen un contingente de vigías con ametralladoras para controlar los pasos de abastecimiento. Uno de los principales era Cruz de Hueso, que vigilaba un corredor de movilidad hacia Nueva Antioquia y desde el que impactaron ocho helicópteros. Ahora hay carabineros de manera permanente.

Desde febrero, Argamenón ha capturado a 438 personas, ha incautado 14 toneladas de cocaína y 630 millones de pesos en efectivo, además de muchas otras acciones que los están minando. Por eso, los pobladores de los territorios de ‘los Urabeños’ no los quieren. Como me dijo un campesino: “Solo la policía que viene de fuera nos perjudica. Deberían irse. Los demás no molestan”.

SALUD HERNÁNDEZ-MORA
Especial para EL TIEMPO
Piedras Blancas (Carepa).